el uno

agosto 10, 2017 Comentarios desactivados en el uno

El dios supremo del politeísmo, el cual no se manifestaba salvo como principio de cuanto es, garantizaba la unidad de lo divino. Del mismo modo que un rey es lo que representa, a saber, la unidad del reino, en un mundo lleno de dioses más o menos palpables, la divinidad suprema permitía comprender la diversidad de poderes como variantes de un mismo poder. En el fondo, el dios supremo de las religiones paganas funcionaba como la imagen de un concepto. Sin embargo, su invisibilidad no es homologable a la del Dios del monoteísmo bíblico. Pues Yavhé no es el nombre de un concepto. Al contrario. Yavhé es de hecho un nombre que tiene pendiente su quien y, en este sentido, no es estrictamente nadie mientras no se reconozca en su imagen, la que perdió de vista con la caída. La fe, en este sentido, es inseparable de la historia de la redención, la cual puede de algún modo entenderse como la de la reconciliación de Dios consigo mismo. En cualquier caso, no es lo mismo dar por descontado que la divinidad suprema se encuentra por encima de nuestras cabezas a la manera de un rey en su palacio que creer que Dios tan solo es donde se identifica con aquel que murió como un despreciado de Dios.

manos sucias

agosto 9, 2017 Comentarios desactivados en manos sucias

Quita las manos de ti mismo; tratas de construirte y construyes una ruina.

Agustín de Hipona

lingua mater

agosto 8, 2017 Comentarios desactivados en lingua mater

Pensar el lenguaje es pensarlo como lo que perdimos tras Babel. Hay lenguas porque in illo tempore despreciamos el lenguaje. En las lenguas se conserva el estigma del desafío humano como incapacidad para nombrar al enteramente otro. Las lenguas disponen de nombres, pero no poseen el nombre. En cualquier caso, el pronombre, el eso que índica precisamente el carácter irrepresentable de una estricta alteridad. Así, decimos el lápiz es rojo y creemos que con ello alcanzamos la cosa en sí. Pero estrictamente lo que decimos es lo siguiente: eso es un lápiz y además rojo. El carácter otro de lo que tenemos enfrente se sitúa más allá de la significación. En cualquier caso, lo damos por descontado, pero por eso mismo no aparece como tal. La alteridad aparece como lo que nos parece y, por consiguente, como eso que en su aparecer dejo de ser, literalmente, un alien. Pues la alteridad es lo insamilable del otro, el resto invisible que permanece como lo que tuvo que dar un paso atrás para que fuera posible que pudiéramos hablar de cosas. Así, fácilmente llegamos a creer que hemos llegado al final cuando podemos ver y tocar. Como si no hubiera más leña que la que arde, cuando lo cierto es que si la leña arde —si la leña puede desaparecer— es porque, en el fondo, es una aparición. La leña como cualquier otra cosa no es más que el espectro de algo en verdad otro. Del mismo modo, podríamos decir que las lenguas, cuando pretenden hablar de Dios, toman inevitablemente en vano el nombre de Dios. Pues con el uso de las lenguas el hombre fácilmente llega a olvidar que si posee los nombres de Dios es porque lo que no posee es, precisamente, el nombre..

y así te quedaste sola

agosto 5, 2017 Comentarios desactivados en y así te quedaste sola

Vivimos instalados en nuestra celda. Y, de momento, todo va bien. Así nos tratamos unos a otros como si no pasara nada. Como si no envidiáramos la suerte del amigo. Como si fuéramos quienes decimos que somos. Como si no soñáramos con la vecina. Como si en el fondo no quisiéramos arrancarle las uñas a nuestro enemigo. Como si no te sintieras abandonado por tus hijos. El polvo, siempre por debajo de la alfombra. La ocultación de nuestra podredumbre es el aceite del engranaje social. Las cosas funcionan porque no lo decimos todo. De ahí que quien se atreve a proclamar que el Rey anda desnudo; quien, micrófono en mano, pronuncia las palabras que hieren —tus hijos te dejaron sola, tu esposo pasa de ti, nadie te comprende …— y, de paso, ofrece una solución, tenga las de ganar. No hay grupo humano que no espere a su mesías.

hay algo peor que la verdad

agosto 4, 2017 Comentarios desactivados en hay algo peor que la verdad

El judío se sitúa ante Dios como aquel que está por venir. De ahí que su actitud fundamental sea la de quien permanece a la espera… aceptando la posibilidad de que el esperado no venga nunca. Sin embargo, para el judío hay algo peor que una esperanza frustada, a saber, que el mesías ya hubiese venido sin que nadie hubiera sido capaz de reconocerlo. De ahí su preocupación por la genealogía del mesías, la cual debería asegurar, al menos hasta cierto punto, el papel mesiánico del elegido. En términos generales, lo terrible no es que todo pase y nada acabe de tener lugar, sino que hubiera habido algo verdadero en tu vida y que simplemente lo hubieras dejado pasar. Lo terrible es que la verdad sea en cualquier caso lo que fue dejado atrás sin que nosotros nos diéramos cuenta y no un porvenir. Ante ello, tan solo nos queda el memorial. Aunque tampoco es poca cosa.

Séneca

agosto 3, 2017 Comentarios desactivados en Séneca

Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía. Séneca, dixit. Quizá no sea casual que a la justicia tardía, sobre todo cuando es sin un porqué aparente, se le denomine justicia poética. Como si estuviera más cerca de lo bello que de lo justo. Esto tiene su miga teológica. Pues, la justicia de Dios, en tanto que final, quizá no termine de ser del todo justa. Sobre todo, si se entiende como si tan solo afectara al destino de las almas. De ahí que el viejo mesianismo judío, en un arrebato de lucidez, entienda que no habrá verdadera justicia si a las víctimas del pasado no se le restituye tal cual la vida que les arrancaron antes de tiempo. Esto es, en carne y hueso. Al fin y al cabo, la increíble resurrección de los muertos acaso sea el único modo de que pueda haber una justicia histórica. Sin embargo, que los muertos se levanten para que puedan ser juzgados por Dios es, de hecho, un imposible. Esto no constituía una sería objeción para quienes creyeron en el Dios que es capaz de hacer parir a las estériles, de ofrecer vida donde en modo alguno puede haberla. Pues quienes creyeron en la resurrección de los muertos no creyeron porque fuera concebible, sino porque, a pesar de ser inconcebible, lo primero e inamovible era la fe en Dios. Y en nombre de Dios, mejor dicho, de la vida debida a Dios, los muertos tenían que resucitar, aunque no fuera posible creerlo. Pero que la resurrección sea un imposible, sí supone un serio obstáculo para quienes Dios es tan solo el supuesto imaginario que satisface su necesidad de amparo, cuando menos porque ese Dios no tiene otra función que la de garantizar las oportunidades mundanas de quien le invoca. Llegará un momento en que alguien se atreverá a decir que, en el fondo, no hay tanta diferencia entre creer en este Dios y no creer en nada. Que el Dios que se da como el amigo invisible de los niños solitarios —o, si se prefiere, como el primo de zumosol solo que espectral— encubre más que supera el nihilismo que no queremos admitir.

homo

agosto 2, 2017 Comentarios desactivados en homo

No es casual que las mujeres, por lo común, se sientan tan a gusto con el hombre homosexual. Sencillamente, no las juzga. O al menos, no como hombre. Es la amiga perfecta, aquella ante la que pueden sincerarse, esto es, mostrarse sin cera —sin maquillaje. Al fin y al cabo, tampoco competirán por el mismo hombre.