en verdad

junio 22, 2017 Comentarios desactivados en en verdad

La distinción bíblica entre el Dios verdadero y el falso dios no debería entenderse como la pregunta, típica del paganismo, acerca de qué dios la tiene más grande, sino como aquella que se interroga sobre qué —o quién— es Dios en realidad. Y la respuesta bíblica ya sabemos cual fue: Dios en verdad no aparece como dios. Bíblicamente, Dios en realidad es un Dios que se da como promesa de sí mismo. Dios es un Dios por-venir. Ciertamente, estamos lejos de una divinidad constatable, aun cuando sea indirectamente. Por no hablar de la disrupción cristiana, la cual responde a la pregunta por el quién de Dios señalando a aquel que colgó de un madero como apestado de Dios.

impenetrable

junio 21, 2017 Comentarios desactivados en impenetrable

Ayer, tomando un café, el amigo Víctor, pastor protestante y psicoanalista, me comenta algo que desconocía, a saber, que la gente guapa son, literalmente, intratables. El psicoanálisis no les hace mella. La razón es simple: un hombre o una mujer bellos son cuerpos completos, como quien dice, y por eso mismo nos excluyen. No hay grietas por las que acceder. Toda belleza es hierática. De ahí que una mujer bella sea como una diosa. Y de ahí también que no podamos abrazarla. Siempre permanece más allá, distante en su dura perfección. Sin embargo, su más allá es inerte. Un cuerpo sin resquicio es un ídolo de piedra. No es casual que el Dios cercano del cristianismo, sea un Dios herido en su divinidad —un Dios que, de tan próximo, incluso huele mal. Como huelen los mendigos.

sin porqué

junio 20, 2017 Comentarios desactivados en sin porqué

La rosa vive sin porqué, que decía el Silesius. No es que no haya una explicación de cómo ha llegado a ser lo que es. Pero desde los ojos del asombro, no hay explicación que valga. La rosa es un absoluto por el simple hecho de encontrarse ahí. El error del empirismo moderno consiste en reducir la comprensión de cuanto es a las condiciones de su aparición.

confesión

junio 19, 2017 Comentarios desactivados en confesión

El credo cristiano es, propiamente, una confesión. El término confessio es originariamente un término jurídico. Esto es, uno siempre confesaba ante un tribunal. Pues bien, donde el credo pasa a ser una opción personal —donde es una creencia homologable a la de quienes suponen que hay una civilización extraterrestre en los confines de la galaxia— , olvidamos que la inteligibilidad del kerigma cristiano depende del contraste entre Dios y el mundo o, mejor dicho, entre lo que supone hallarse sujeto a la voluntad de Dios o a los poderes del mundo. Más aún, quien confiesa que el crucificado —ese despojo del hombre— es el Señor, lo confiesa contra las pretensiones del mundo. Si el mundo es, por defecto, un supermercado en donde podemos comprar cuanto pueda satisfacernos —sea un whiskey o una creencia—, entonces difícilmente caeremos en la cuenta de que existimos como aquellos que vivimos fuera de lo real. Y es que a más mundo, más ilusión. Tan solo ingénuamente podemos dar por sentado que el mundo es neutral.

que Dios me libre de Dios

junio 18, 2017 Comentarios desactivados en que Dios me libre de Dios

Nadie en su sano juicio puede preferir que Dios irrumpa en su vida. No porque no estemos para fantasmas, sino porque Dios interrumpe nuestra existencia con el rostro de quien nos pide el pan de cada día. Le pido a Dios que me libre de Dios, decía alguien tan poco sospechoso de ateísmo como el maestro Eckhart. Cuando el pobre entra en tu vida, los muros del hogar saltan por los aires. Nada vuelve a ser como antes. O mejor dicho, nada vuelve a ser como antes sin culpa. De hecho, conversión significa esto: no puedo soportar seguir viviendo como hasta ahora.

Zero Dark Thirty

junio 17, 2017 Comentarios desactivados en Zero Dark Thirty

Si hay buenos y malos, entonces no hay Mal. O, mejor dicho, si el mal está localizado en el deforme, como en el caso de las películas infantiles, entonces no tiene que ver con nosotros, sino con ellos. El Mal no es el Mal sino el enemigo a batir. No necesitamos ninguna redención. Basta con acabar con el enemigo y que Dios esté de nuestra parte. Sin embargo, es suficiente con preguntarle a nuestro enemigo quién es su enemigo —quién desea su muerte y la de sus hijos— para darnos cuenta de que todos participamos de la condición del culpable y de que no hay un bendito modo de acabar con el Mal.

Dios te ama

junio 16, 2017 Comentarios desactivados en Dios te ama

Como suele ocurrir con las grandes palabras, cada cual se las toma como puede. Esto es evidente, al menos en la cancha cristiana, con respecto a Dios como amor. Aquí la mayoría suele tener en mente la imagen de un abuelito espectral  que se preocupa de los hombres desde la dimensión desconocida. La pregunta es hasta qué punto esta imagen no tendrá que ver más con nuestra necesidad de amparo que con Dios en verdad. Pues, lo cierto es que si efectivamente existiera un abuelito espectral, aún no habríamos topado con Dios, sino con ese ente superior cuya subsistencia y bondad habíamos supuesto inicialmente. Dios, sin embargo, no confirma nuestra hipótesis de Dios. Sencillamente, un Dios que existe, no existe. En los cielos, Dios seguiría siendo un misterio, esto es, ese Tú que permanece como lo eternamente pendiente de nuestra existencia. Cuando menos, porque existir significa, precisamente, un vivir en la nostalgia de Dios. Dios tuvo que dar un paso atrás, como quien dice, para que pudiéramos habitar el mundo. Es verdad que algunos, más sofisticados, en tanto que se resisten a las deformaciones antropomórficas de Dios, interpretan esto del “Dios es amor” como si quisiera decir que el amor es divino. Como si esta interpretación fuese la única que podemos dar hoy en día como hombres y mujeres que ya han dejado de comulgar con las ruedas de molino de la superstición. Pero no es esto lo que encontramos en los textos evangélicos y, en concreto, en la primera carta de Juan. Y no porque Juan siga preso de las redes del mito, pues, de hecho, el cristianismo es el anti-mito por excelencia, sino porque hay que entender la declaración cristiana, a saber, que Dios es amor, como una declaración polémica que altera lo que religiosamente entendemos por Dios. Ciertamente, es improbable que el Dios de la religión —el ente espectral que tutela el mundo— pueda amarnos, pues quien conoce qué significa originariamente la palabra “Dios” da por descontado que un Dios que nos amara es como si nosotros nos preocupásemos de las ratas de alcantarilla. Pero religiosamente podríamos llegar a admitirlo, aunque no sin perplejidad. Ahora bien, el kerigma cristiano no dice esto, sino que el amor de Dios se muestra en su caída como Dios. En definitiva, lo que está en juego es qué sacrificio puede reconciliarnos con Dios. Y lo que sostiene la fe cristiana es que este sacrificio no es del hombre, sino de Dios. No hay amor que no sea sacrificial. Al fin y al cabo, lo que confesamos cristianamente es que la cruz no es solo un mal final para el enviado de Dios, sino el sacrificio mismo de Dios. Cristianamente, Dios se da como víctima de Dios o, mejor dicho, como víctima de la divinidad religiosa. Al margen de los malentendidos históricos, encarnación significa Dios como hombre y esto es lo mismo que decir que Dios se pone en manos de los hombres para que los hombres puedan ser capaces de Dios. O, por decirlo con otras palabras, que Dios no termina de ser el Señor mientras los hombres no respondan a su sacrificio y, en última instancia, a su perdón. Si los hombres somos rescatados de nuestro vivir de espaldas a Dios es porque Dios nos perdona como víctima del hombre. Dios no vive por encima de la cruz —no sobre-vive a la cruz. El crucificado es el quién de Dios —en modo alguno un representante de Dios… entre otros—, y no porque sea un Dios con aspecto de hombre, sino porque no hay otro Dios que aquel hombre que cuelga de un madero como un despreciado por Dios, esto es, como un resto del hombre. Y quien comprende esto último, comprende que estar ante Dios es lo mismo que permanecer de rodillas ante el crucificado. No hay Dios al margen de la cruz. Y esto, sin duda, supone una mutación de lo que entendemos religiosamente por “Dios”. Pues para una sensibilidad típicamente religiosa quizá podamos admitir que Jesús es divino, pero en modo alguno que Dios es Jesús. Dios, en sí mismo, esto es, al margen de su identificación con aquel que murió como un abandonado de Dios, sigue siendo una entelequia al servicio de la necesidad humana de Dios. Bíblicamente, Dios es el por-venir de Dios. Pero lo que proclama el dogma de la Encarnación es que el por-venir de Dios es el por-venir del hombre. Y viceversa. De ahí que no haya que leer a Nietzsche para saber que Dios ha muerto. Basta con leer los evangelios. Sin embargo, lo que no vio Nietzsche es que pertenece a la esencia de Dios su tener que morir para que los hombres y las mujeres podamos vivir sujetos a su Espíritu.

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando la categoría WOW en la modificación.