point of departure (2)

enero 24, 2018 Comentarios desactivados en point of departure (2)

El punto de partida de la fe no es el yo, sino el otro. El creyente no cree porque haya podido verificar en cierto modo su creencia, sino por aquel que ha creído en él sin ser digno de confianza. Antes que nada, la fe es una respuesta, no una hipótesis de trabajo, una interpretación, aun cuando como respuesta este cargada de visión. Por consiguiente, donde no estamos referidos al verdaderamente otro, ese resto intragable, no hay fe que valga. Y quizá solo nos demos cuenta de nuestra condición relacional, por no decir creatural, en el momento en que, sepultados por un cielo impenetrable, no seamos mucho más que una invocación. Por consiguiente, la pregunta no es qué razones o motivos sostienen la fe, sino a quién le debemos la vida que nos arrebató un mundo sin piedad y, en definitiva, la confianza de que el No en modo alguno tendrá la última palabra.

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Nebo

enero 23, 2018 Comentarios desactivados en Nebo

A veces pienso que el teólogo no puede evitar el destino de Moisés. Pues, le está vedado entrar en la tierra prometida, aun cuando la apunte con sus manos. Quizá sea el precio que tiene que pagar por no sufrir en sus carnes la verdad de Dios.

bautismos

enero 22, 2018 Comentarios desactivados en bautismos

La moda de poner nombres originales a nuestros hijos es, de por sí, sintomática de la enfermedad de nuestra época. Antes el nombre apuntaba a aquel a quien le deberías la fe. O, en los primeros tiempos del cristianismo, a aquel al que le debías la fe. Pues no eres mucho más que aquel a quien te debes. Tu nombre es el nombre de tu padre. Nadie sabe quien es mientras no sepa quién es su padre. Sin embargo, nuestra preocupación hoy en día es la de llegar a ser singulares frente a la masa. Lo que nos preocupa es destacar. Es lo que tiene la muerte del padre. Nos equivocamos donde creemos que nos liberamos donde matamos al padre para quedarnos con un simple progenitor. Pues, su lugar lo ocupa, no ya un campo abierto, sino la dictadura de lo impersonal.

Glenn Gould como metáfora de la dogmática cristológica

enero 21, 2018 Comentarios desactivados en Glenn Gould como metáfora de la dogmática cristológica

Escuchas la suites de cello de J. S. Bach por Daniil Shafran y dices: esto es Bach (y no solo una interpretacion de Bach). Aquí el interprete, siendo fiel, desaparece ante Bach. En cambio, escuchas las variaciones Goldberg que grabó Glenn Gould en el 81 y no dices tan solo esto es Bach, sino también es Glenn Gould. Glenn Gould no desaparece ante Bach. Pero tampoco Bach. Al contrario. De hecho, a partir de la grabación de Gould, cualquier otra interpretación se revela, curiosamente, como una falsificación. Estamos ante Bach hecho hombre. Acaso el único Bach verdadero.

Poncio

enero 20, 2018 Comentarios desactivados en Poncio

Pilato se pregunta, ante Jesús de Nazareth, momentos antes de condenarlo a muerte, qué es la verdad. Pilato hoy en día quizá comulgaría con las tesis del pluralismo religioso, el cual da por descontado que no hay algo así como la verdad, sino en cualquier caso puntos de vista, aproximaciones a algo a lo que no podemos acceder, si no es deformándolo desde, precisamente, nuestro punto de vista. Como sabemos, Jesús calla. Sin embargo, su silencio es elocuente. Pues, no hay argumentos que puedan convencer a quien tiene ante sus narices la verdad y, con todo, es incapaz de reconocerla. La verdad es lo innegable. Y lo innegable es que cuanto podamos decir sobre las últimas cosas y por extensión sobre Dios desde nuestra confianza en nosotros mismos salta por los aires ante la cruz. No hay religión que soporte el peso del madero en el que el hombre de Dios cuelga como un abandonado de Dios. Cualquier respuesta fácil a la desgracia es, sencillamente, una provocación, por no decir, una blasfemia. La superioridad epistemológica del relativista es de cartón piedra, cuando menos porque no resiste la prueba del nueve del sufrimiento de las víctimas, y más aún si estas son las del pasado. De hecho, el relativismo y, en última instancia el nihilismo que amaga, es posible donde no hay otro que valga. Pero hay otro, aun cuando le demos la espalda. Y le damos la espalda donde tan solo tenemos en cuenta la idea que nos hacemos de él, la imagen sobre la que se sostiene un trato más o menos amable. La imagen del otro es el resultado de digerir su alteridad, de reducirla a cuanto podamos asimilar del otro. Ahora bien, todo cuanto podamos digerir termina siendo excretado. De ahí que el otro siempre se nos muestre verdaderamente como lo que el mundo no puede admitir, como deshecho o excremento. Y un excremento que, más que una representación, exige de nosotros una respuesta. Al fin y al cabo, no deja de ser cierto que nuestro yo es el del otro.

sex tape

enero 19, 2018 Comentarios desactivados en sex tape

La diferencia entre Dios y el falso dios es análoga a la que media entre la vestal y una mujer de carne y hueso, y sobre todo hueso, al menos porque un hueso es difícil de roer. Ciertamente, ningún hombre puede resistirse ante el cuerpo desnudo de la vestal. Este provoca una arcana fascinación en la psique del hombre. Ante una vestal desnuda, el hombre fácilmente cae de rodillas. La vestal es la figura paradigmática del deseo masculino. Pues detrás de su cuerpo no hay nadie o nadie que se revele como tal en el momento que ese cuerpo se muestra en todo su esplendor. Una vestal tiene cara i ulls, pero no rostro. Sus ojos no nos acusan, sobre todo si la vestal representa su papel. La vestal es la ilusión del hombre. Como si fuera el cuerpo de una diosa. Una mujer que quiera seducir a un hombre tan solo tiene que ofrecerse como vestal, aun cuando, ciertamente, no lo sea. Sin embargo, no hay cuerpo que no cargue con la mochila del alma, ese diferir con respecto a uno mismo. Y el alma de una mujer siempre nos importuna con sus aristas. En este sentido, viene a ser algo así como una mosca cojonera. Afortunadamente, pues solo como mosca la mujer nos libera de la fascinación que nos ata a lo impersonal. La desnudez de la mujer no es, por tanto, de la mujer, aunque de entrada nos lo parezca, sino la de una mujer y, por consiguiente, la de alguien que nunca terminará de reconocerse en el cuerpo que habita. Ningún hombre se encuentra con la vestal, sino solo con una mujer. Y una mujer siempre reclamará nuestro amor, nuestra entrega incondicional. La vestal no exige que seamos capaces de sacrificarnos por ella, sino tan solo nuestra reacción, de hecho, nuestra sumisión. Y donde tan solo hay reacción puede haber, sin duda, satisfacción, pero en modo alguno vida. Sencillamente, estamos muertos donde no respondemos a quien, desde el más allá de sí mismo, nos acusa con su indigencia, su falta de completud, con su derecho a ser. Pues no es lo mismo reaccionar que responder. Y qué tiene que ver esto con Dios. En verdad nada, si seguimos presos de la concepción típicamente religiosa de Dios, según la cual Dios no deja de ser un ente paradigmático. Mejor dicho, desde dicha concepción, Dios estaría del lado de la vestal, aun cuando lo vistamos con los ropajes de una bondad sin resquicio. Pero, desde una óptica bíblica, Dios nunca aparece como dios, sino como el Yo que clama por el hombre, en tanto que no llega a ser el que es sin la respuesta del hombre a su demanda. Como la mujer de carne y hueso, que no es aún nadie sin el amor del hombre. Aunque también podríamos decirlo a la inversa.

contra Feuerbach

enero 18, 2018 Comentarios desactivados en contra Feuerbach

La crítica de Feuerbach a la religión no es en modo alguno un hallazgo, pues antes fue bíblica que moderna. De hecho, el dios que se determina como una proyección del hombre no es Dios en verdad, sino un ídolo, la imagen que ocupa el vacío de Dios, aquella en la que el hombre proyecta lo que desea para sí mismo, a saber, llegar a ser como Dios. La experiencia bíblica de Dios es la de un Dios en falta, en definitiva, la de un Dios que no se manifiesta como dios. Ciertamente, el huérfano puede suplir la ausencia del padre con sus fantasías acerca de su padre. Como si su padre no hubiera muerto. Como si tan solo estuviera en paradero desconocido. Pero en el momento en que caiga en la cuenta de que papá ha muerto, lo último que se dirá a sí mismo es que papá no es más que una proyección. Pues el huérfano es quien es en relación con la falta de padre.