lingua mater

agosto 8, 2017 Comentarios desactivados en lingua mater

Pensar el lenguaje es pensarlo como lo que perdimos tras Babel. Hay lenguas porque in illo tempore despreciamos el lenguaje. En las lenguas se conserva el estigma del desafío humano como incapacidad para nombrar al enteramente otro. Las lenguas disponen de nombres, pero no poseen el nombre. En cualquier caso, el pronombre, el eso que índica precisamente el carácter irrepresentable de una estricta alteridad. Así, decimos el lápiz es rojo y creemos que con ello alcanzamos la cosa en sí. Pero estrictamente lo que decimos es lo siguiente: eso es un lápiz y además rojo. El carácter otro de lo que tenemos enfrente se sitúa más allá de la significación. En cualquier caso, lo damos por descontado, pero por eso mismo no aparece como tal. La alteridad aparece como lo que nos parece y, por consiguente, como eso que en su aparecer dejo de ser, literalmente, un alien. Pues la alteridad es lo insamilable del otro, el resto invisible que permanece como lo que tuvo que dar un paso atrás para que fuera posible que pudiéramos hablar de cosas. Así, fácilmente llegamos a creer que hemos llegado al final cuando podemos ver y tocar. Como si no hubiera más leña que la que arde, cuando lo cierto es que si la leña arde —si la leña puede desaparecer— es porque, en el fondo, es una aparición. La leña como cualquier otra cosa no es más que el espectro de algo en verdad otro. Del mismo modo, podríamos decir que las lenguas, cuando pretenden hablar de Dios, toman inevitablemente en vano el nombre de Dios. Pues con el uso de las lenguas el hombre fácilmente llega a olvidar que si posee los nombres de Dios es porque lo que no posee es, precisamente, el nombre..

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