Ter y el culo de la Kardashian

julio 4, 2017 Comentarios desactivados en Ter y el culo de la Kardashian

Quizá haya que echarles un vistazo a los vídeos de Ter para darse cuenta de por donde van los tiros de las nuevas generaciones. El problema es que Ter y tantos otros de su estilo tienen hoy en día el megáfono dentro de la plaza pública. Puede que, si este discurso rompedor tiene la audiencia que tiene, sea porque traduce el malestar que genera la precariedad en la que viven los hijos bastardos de un capitalismo sin piedad, pero encantado de haberse conocido. La cultura siempre fue elitista, un asunto cuya vigencia depende de las voces autorizadas. Y estas, por lo común, son las de quienes están de vuelta, que no es lo mismo que estar rebotao. Pues, quien produce cultura es aquel que ha visto más de lo que probablemente seremos capaces de ver en nuestra vida. Y la produce porque nos cuenta, precisamente, eso que ha visto y que no termina de coincidir con lo que se dice o aplaude. Ahora bien, es gracias a la cultura que podemos tomar las debidas distancias de nosotros mismos, del peso de nuestra circunstancia. Cultura, en el sentido fuerte del término, es sospecha, aunque no solo sospecha, y la sospecha es el principio de la libertad. Como dijo Platón, una vida que no reflexione sobre sí misma no es diferenciable de la de un chimpancé. Si quien tiene el altavoz es Ter, y no quienes tiene algo que contarnos, entonces hemos perdido. Apenas seremos mucho más que cuerpos que se limitan a reaccionar. Donde las emociones prevalecen sobre el argumento —donde el yo es incapaz de distanciarse de lo que le parece bueno o deseable— difícilmente nos liberaremos del poder que nos desprecia por inútiles. De hecho, al capitalismo ya le va bien que los precarios, cosa que Ter, sin embargo, no es, tengan un agora en la que despotricar; ya le va bien que, encerrados en su estrecha habitación, compartan virtualmente su desengaño con unos cuantos likes. Que crean que el culo de la Kardashian es lo más, mientras que las obras de Primo Levi son las propias de un cascarrabias. Al capitalismo ya le va bien que los precarios se conviertan, definitivamente, en soma. Muy bien, Ter. Que el Primo Levi —o el García Márquez o el Montaigne— no nos dé la chapa. Estás en la cresta de la ola, aunque es posible que apenas entiendas estas líneas. Tampoco pasa nada. Tú, a lo tuyo. Y nosotros, a lo nuestro. No me extrañaría que el Santander con el tiempo financiara tus simpáticas boutades. Al fin y al cabo, todo es muy simple: los pobres pierden donde aplauden a sus imbéciles.

Ter

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