separados

junio 27, 2017 Comentarios desactivados en separados

Básicamente somos los que echamos en falta. Así, el pistoletazo de salida de lo humano es la separación. La cuestión es con respecto a qué —o a quién— vivimos como separados. Y aquí caben dos posibilidades. O bien, somos quienes fuimos separados del útero materno. O bien, a quien echamos en falta es al otro como tal. Ambas posibilidades determinan dos actitudes frente a lo real y, en última instancia, dos concepciones de lo absoluto o, si se prefiere, lo divino. En el primer caso, el horizonte es el de la fusión —el del regreso a la no dualidad, a lo indiferenciado. Y aquí la divinidad sería algo así como lo magmático. En el segundo, el horizonte es el del encuentro, teniendo en cuenta que el encuentro, como ocurre en el caso de los amantes, no suprime la distancia de la alteridad, sino que la preserva al acogerla. Sin duda, todos nos movemos entre una cosa y otra. Todos experimentamos una cierta nostalgia de placenta, esto es, de la vida placentera, del mismo modo que, en el fondo, a lo que aspiramos es a que el otro interrumpa la grisácea continuidad de los días, que nos saque de quicio, del quicio del hogar. Pero lo que marca la diferencia —lo que define una actitud— es el acento: cuál de las dos posibilidades constituye el centro de gravedad de nuestra existencia. Y, ciertamente, no es lo mismo creer que de lo que se trata es de fundirse que de responder a la demanda que nace de ese rostro extraño —el rostro que nos repele por su desnudez— con el que el enteramente otro se revela.

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