vida tras la muerte

mayo 20, 2017 Comentarios desactivados en vida tras la muerte

La pregunta cristiana es, en el fondo, quién está vivo. Y la respuesta ya la sabemos: quien regresa de la muerte. La mujer que, tras haber sufrido la muerte de sus hijos en Auschwitz, decide ponerse en manos de los huérfanos de Israel; la madre que da su sangre para que siga con vida el soldado que asesinó a sus hijas… El kerigma cristiano es ininteligible si prescindimos de las historias de quienes, sin tener vida por delante —los muertos—, nos entregan una vida imposible. Sin estas historias solo podemos aproximarnos al cristianismo como una religión entre otras y, en último término, como el objeto de una fenomenología de la religión. En definitiva, lo que proclamamos cristianamente es que Dios sigue vivo como crucificado que perdona a sus verdugos —como hombre que regresa de la muerte con una vida que es sobrehumana solo porque procede del más allá de la muerte. Esta vida no es solo de Dios, pues en ese caso, Dios seguiría siendo un titiritero espectral, pero tampoco solo del hombre, pues el gesto del crucificado sería tan solo un gesto moral, aunque excesivo y, por consiguiente, no exigible. El Dios vivo supone la muerte del Dios de la religión. Pues el cristianismo, en definitiva, impide que podamos concebir a Dios sin el hombre, pero también que podamos pensar al hombre sin su estar referido a Dios. La muerte es el quicio donde se decide la reconciliación de Dios con el hombre y, así, la implosión del marco religioso que conserva a Dios en la pureza de una cumbre inaccesible para el hombre. No es casual que el precio que paga la religión a la hora de imaginar esa reconciliación sea, precisamente, la disolución del hombre como tal.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo vida tras la muerte en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: