nietzscheanas 45

mayo 8, 2017 Comentarios desactivados en nietzscheanas 45

Hay en Nietzsche una fascinación de fondo por la inocencia, la belleza animal de la existencia noble. Es desde esta fascinación, no cuestionada, que Nietzsche postula el resentimiento como el origen, abyecto, de la moral cristiana. Es muy posible que él mismo experimentase en sí mismo la incapacidad para aceptar sin denigrarlo el candor infantil de una existencia que no es mucho más que la expresión de una vida no tutelada por el juicio de Dios. La inocencia es tan disfrutable como cruel. El noble, como el niño, se encuentran más allá del bien y el mal porque lo ignoran. Y así son capaces tanto de jugar con el amigo como de asestarle un golpe mortal. Como sabemos, para un niño, lo bueno es simplemente lo que le gusta —lo que le hace sentir bien. En este sentido, el niño y el noble son unos sinvergüenzas y, por consiguiente, unos inconscientes. Pues la conciencia nace como un rechazo de sí, como conciencia de quien se avergüenza de sí mismo —de su aspecto, de su falta de poder. En este sentido, tiene razón Nietzsche cuando dice que los dioses no pueden existir, pues si existiesen, él no podría soportar no ser un dios. Un dios es, precisamente, lo que un hombre no puede soportar. Ahora bien, por eso mismo, podríamos preguntarnos si acaso el pensamiento de Nietzsche no es víctima del mito. Acaso, su idea de una existencia más allá del bien y el mal ¿no será una ficción al servicio de la deconstrucción de la moral cristiana? ¿No será el orgullo propio de la existencia noble en realidad una máscara? Puede que la denuncia judía obedezca en un primer momento al resentimiento, a la rabia que el esclavo siente hacia una vida no sujeta al dictamen moral. Pero de ahí no se desprende que no dé en el clavo. Creer lo contrario supone pecar de empirismo —creer que la verdad de una creencia reside en las condiciones de su aparición, confundir la lógica del descubrimiento con la de la contrastación, como decía Popper (y Kant antes que él, aunque con otros términos). Aunque, al fin y al cabo, puede que el pensamiento de Nietzsche nos haga caer en la cuenta de la disyuntiva en la que nos hallamos. Pues o bien el hombre se encuentra sujeto a una falta de alteridad y, por consiguiente, llamado al encuentro con el otro; o bien se encuentra sujeto a una vida sin juicio y, por tanto, sin alteridad que valga. Y si se trata de esto último, entonces no hay diferencia entre el mundo y un mundo virtual —entre una mujer y una muñeca hinchable. Un noble no deja de jugar al solitario —no deja de ser un onanista. Tenía razón Lou Andrea Salomé cuando decía que Nietzsche era el profeta de una humanidad sin prójimo.    

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo nietzscheanas 45 en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: