esto del rezar

abril 1, 2017 Comentarios desactivados en esto del rezar

Karl Rahner se quedó un tanto perplejo cuando a los padres jesuitas de la congreación general XXXII se les obligó a rezar según “métodos orientales de oración”. Hoy en día, no sé si habría alguno que compartiera su perplejidad. Probablemente, su desconcierto obedeciera a que no creía que fuera necesario recurrir a métodos alternativos para iniciar un coloquio con Dios. Como si dicho recurso fuera el síntoma de nuestra dificultad para orar. Pues Rahner estaba convencido que Dios puede y quiere tratar de modo directo con su criatura; que el ser humano puede experimentar cómo tal cosa sucede y que pueder captar el soberano designio de la libertad de Dios sobre su vida. Sin embargo, Martin Buber decía que la enfermedad espiritual del hombre moderno era que, a la hora de rezar, difícilmente podía evitar preguntarse por el sentido de lo que estaba haciendo. Y quizá Rahner le hubiera dado la razón, cuando menos porque Buber entiende que se trata de una enfermedad. Ahora bien, si esto fuera así, entonces estaríamos ante una enfermedad incurable. Pues, la dificultad para entablar una conversación telefónica con Dios no es circunstancial, sino que se encuentra arraigada en la naturaleza del sujeto moderno. Y es que el sujeto moderno moderno se caracteriza por el hecho de que, de entrada, no se halla en contacto con el exceso de lo santo, por decirlo así, sino con su creencia con respecto a dicho exceso. Cuando menos, porque el pistoletazo de salida del sujeto moderno es la sospecha y no el asombro. De ahí que la cuestión sea, precisamente, si el sujeto moderno no será, por eso mismo, incapaz para las cosas de Dios. Con todo, ¿acaso la Biblia no insiste en que los capaces de Dios son, de hecho, aquellos que sufren el abandono de Dios —aquellos que lo encuentran en falta? Y ¿acaso no es esta falta la que nos obliga a reconocer en el rostro del que cuelga de una cruz el rostro mismo de Dios? ¿Acaso los profetas no dijeron que Dios no atiende la oración del hombre o su sacrificio, sino su clamor? Dios probablemente descendió en vano, mientras sigamos creyendo que Dios se encuentra detrás de la línea telefónica esperando nuestra llamada. En último término, no ora quien quiere, sino quien puede. Y quien puede no es un quien, sino el cuerpo que ha sido despojado del quien.    

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