el sujeto cristiano

marzo 11, 2017 Comentarios desactivados en el sujeto cristiano

Cada vez tengo más dudas acerca de ciertas formas de piedad cristiana, aquellas que reposan sobre la necesidad de amparo. Pues no sé si el espectro bueno que se supone atiende esta necesidad tiene más que ver con el niño que llevamos dentro que con Dios. La fe del niño no responde tanto a la verdad de Dios como a su dificultad para admitir que Dios no existe como dios. Ocurre aquí lo que con las obras de Platón, pongamos por caso. Pues quien opina que Platón no tiene nada que decirnos, habla más de sí mismo que de Platón. Ciertamente, al final no somos mucho más que polvo, algo así como una excepción —o quizá una anomalía— dentro de un cosmos de piedras incandescentes. Esto es, al final terminaremos siendo lo que fuimos inicialmente, a saber, unas criaturas. Pero una cosa es que el niño le mande unos whatsapp a aquel papá que no aparece por casa, esperando al menos el doble check, y otra ser un huérfano. Esto es, una cosa es dirigirse a papá desde el deseo de protección y otra desde el dolor de quien sabe que papá no volverá. Tanto uno como otro son criaturas, pero no en el mismo sentido. Desde una óptica bíblica, un huérfano es aquel que no sabe quién es su padre —y de ahí que bíblicamente Dios sea aquel que tiene pendiente, precisamente, su quién. El que se dirige a Dios únicamente desde su necesidad de amparo topará con su fantasía narcisista. En cambio, el que se dirige a Dios desde su lamento encontrará a un Dios que no aparece como deux ex machina, sino como Dios crucificado. Cristianamente, Dios en verdad se identifica con el que muere en nombre de Dios como un abandonado de Dios. No hay Dios que valga fuera de esta identificación. El kerigma cristiano confiesa, en último término, que Dios se entrega a los hombres como hombre para que el hombre pueda responder a la demanda del Dios que se hace uno con los crucificados de la tierra. Y esto no termina de hacer buenas migas con lo que se entiende religiosamente por Dios. Desde una óptica cristiana, la paz de Dios solo puede darse como fraternidad, en modo alguno como nirvana o como un coro de espectros cuyo único propósito es la de alabar eternamente a Dios. La divinidad religiosa suele cerrar el círculo del sentido. Pero el Dios cristiano no ofrece una respuesta al porqué de tot plegat. Con respecto a la cuestión acerca de cómo acabará la película seguimos sin tener mucha idea. Pues la última sílaba de la última palabra aún está por pronunciar. En cualquier caso, me atrevería a decir que para el sujeto cristiano el prodigio o el fantasma, en definitiva, el exceso de lo sobrenatural se la trae al pairo. Pues para él no hay otro exceso que el del lamento de Dios.

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