cuerpos de usar y tirar

marzo 4, 2017 Comentarios desactivados en cuerpos de usar y tirar

La cotidianidad engulle toda epifanía. En la cotidianidad tan solo vemos cuerpos más o menos útiles. Es lo que tienen el tener que adaptarse a la circunstancia. El tiempo diario no admite la excepción de lo sagrado. Lo sagrado tiene que ver con lo que, en cierto sentido, no encaja en el mundo. Si no, que se lo pregunten a los amantes. Pues cuando los amantes se encuentran y no tan solo se gozan, están, por decirlo así, fuera del mundo. El gozo no está exento de ambigüedades. El encuentro en cambio tiene lugar como la certeza de lo eterno. He sido alcanzado por el otro, mejor dicho por su indigencia. Pero del mismo modo que mi pobreza ha sido acogida por quien me alcanza. El acontecimiento, a diferencia de lo que simplemente pasa, es lo que ocurre entre dos. De ahí la necesidad de marcar con los signos de lo que tuvo lugar el tiempo profano de la adaptación. No debes olvidar lo que en verdad tuvo lugar. Así, quienes ritualizan el acceso al cuerpo de la amante, señalando, pongamos por caso, algunas zonas intocables, no pretenden otra cosa que preservar la diferencia de la alteridad. Y es que el encuentro mantiene la distancia del otro. Ciertamente, con el tiempo olvidamos a qué responde el rito. De ahí que fácilmente lo vivamos como prisión. Pero una cosa no quita la otra. Rito y memorial van de la mano. Sin memorial —sin nada que tener presente—, el rito es ciego. Pero sin rito, el memorial es vacío. Quienes se encuentran no se funden, sino que comulgan, por decirlo así. En este sentido quienes saben a qué obedece el rito están más cerca de la verdad del otro cuerpo que aquellos que, quizá ingénuamente, dan por descontado que el cuerpo de la amante está a su entera disposición. Y ya sabemos que no hay nada que hacer con un limón exprimido.

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