Epicuro & Job

enero 16, 2017 Comentarios desactivados en Epicuro & Job

Siempre habrá quienes crean que Dios es bueno por el hecho de ser Dios. Sin embargo, esto es, precisamente lo que, de haber Dios, está por ver. Sin duda, podríamos suponer que si lo mejor del hombre apunta hacia Dios y lo mejor del hombre es la bondad, entonces no puede haber maldad en Dios. Pero lo cierto es que no tenemos mucha idea sobre el asunto. Pues bien pudiera ser que la divinidad se alimentara de almas puras como el lobo se alimenta de ovejas —¿acaso un Dios vivo no necesitará picar algo de vez en cuando?—, lo cual, dicho sea de paso, supondría una enorme ventaja para los malos, los que tienen el alma llena de pústulas, ya que por lo menos se ahorrarían terminar en las fauces del Dios. Hasta sería una bendición morir solo, enroscado por los remordimientos. De hecho, si tenemos en cuenta que, en esto de la vida, el pez grande se come al chico y uno, como defienden los naturistas, no deja de ser lo que come, lo más probable es que un Dios bueno fuese bueno precisamente porque se alimentase de la bondad de los hombres. Y aunque no fuera así, en el mejor de los casos, seríamos para Dios como el hamster para el niño, una simple distracción. Epicuro dixit. En absoluto almas gemelas. Pues no está de más recordar que la diferencia entre el dios y el hombre es, por defecto, abisal (y aquí uno podría preguntarse cómo llegamos a creer que fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios, cuando la experiencia originaria de lo santo apunta a una alteridad radical, tan fascinante como terrible). Sea como sea, nos equivocaríamos donde quisiéramos caerle en gracia al dios de turno. Un creyente que intentara hacerse el gracioso pecaría de ingenuidad, por no decir que cometería un enorme error de cálculo. Sin embargo, el antiguo Israel, a la hora de proclamar la misericordia de Dios, nunca apuntó al dato, ni siquiera hipotético. La creencia bíblica en la bondad de Dios no fue algo que se llegara constatar como quien constata que la nieve es blanca. Israel, estrictamente hablando, no verificó la bondad de Dios, sino que más bien sostuvo que Dios no debe ser tan malo.. si es que aún seguimos con vida (y aquí deberíamos tener en cuenta que, para el Israel de los primeros tiempos, no hay vida más allá de la muerte y que, por tanto, la posibilidad de un Dios devorador de almas puras se la traía al pairo: el hombre ya podía darle gracias a Dios por haber vivido unos cuantos años). En realidad, el mensaje que Dios le envía a Job, al final de su particular dragon khan, es claro y contundente: de mí no tienes ni puta idea. No es casual que Job acabara de rodillas e implorando piedad (y de paso alabando a Dios por la medida de gracia). De ahí que uno pueda sospechar que cuando se declara tan fácilmente, desde la cancha cristiana, que Dios ama al hombre —que va en su busca como el amante busca a la amada—, o bien es porque se ignora qué significa la palabra Dios, o bien porque no se quiere decir claramente lo que, de hecho, se está diciendo, a saber, que hubo un momento en que Dios enloqueció —un momento en que terminó enajenándose de su divinidad— para que el hombre pudiera vivir en paz.

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