caer en la cuenta, una vez más

enero 10, 2017 Comentarios desactivados en caer en la cuenta, una vez más

Una cosa es saber y otra caer en la cuenta de lo que creemos saber o damos por descontado. Y es que el síntoma del caer en la cuenta es un cierto temblor de piernas. Pues el caer en la cuenta, al fin y al cabo, siempre tiene que ver con el hecho de que nada dura lo suficiente, esto es, con el valor de lo dado. Quien cae en la cuenta difícilmente puede evitar el estremecimiento del niño. Sea por asombro o por temor. De ahí que nuestra relación con la verdad —de lo que en verdad tiene lugar— no sea posible sin el cuerpo. Donde silenciamos los rumores del cuerpo, el saber, aquello que podemos dar por descontado es, más bien, un muro de contención de los temblores de la infancia.  Para refutar el viejo dualismo entre cuerpo y alma, basta con constatar lo anterior, aun cuando siga siendo cierto que las exigencias del cuerpo no terminan de casar con las aspiraciones del alma, por decirlo así. Por eso un espíritu puro —un Dios— es, de por sí, incapaz de cargar con el peso de la verdad. De ahí que un Dios que pretenda cargar con dicho peso se vea obligado a encarnarse, a asumir el lastre de la mortalidad.

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