1984

diciembre 22, 2016 Comentarios desactivados en 1984

Supongamos un mundo sin privacidad, un mundo en el que no fuera posible hallar un resquicio en donde resguardarnos de la mirada del otro. Todo se sabría, nada quedaría a salvo del juicio. En ese mundo difícilmente podríamos preservar la distancia interior —difícilmente podríamos diferir corporalmente de nuestro personaje. Así terminaríamos coincidiendo al fin con nuestra máscara, nuestra personalidad. Pues la intimidad es, en gran medida, sinceridad. Y la sinceridad solo es posible donde nadie nos ve, donde nos encontramos a solas. Sinceridad es verdad. Pero la verdad de la sinceridad es siempre un desmentido, una decepción. En este sentido, los momentos de soledad son momentos en los que el sí se sostiene sobre un no de base, momentos de desobediencia, de transgresión. Sin soledad —sin intimidad— no hay yo que sobreviva. Pues un yo siempre se dice a sí mismo que no acaba de ser lo que parece. Un yo padece de una esencial falta de integridad, y quizá por ello no busque otra cosa que hacer las paces consigo mismo, algo del todo imposible. Un yo es un animal inquieto, aunque, sin duda, pueda vivir de espaldas a su inquietud. En cualquier caso, un mundo sin soledad sería un mundo sin sujetos. Quien pueda imaginar un mundo así, fácilmente se pondrá en la piel de aquellos creyentes que dieron por descontado que Dios escruta hasta el último recoveco de nuestros corazones. No es casual, por tanto, que quienes se tomaron a este Dios en serio se sintieran ontológicamente culpables y que, consecuentemente, no pudieran hacer mucho más que invocar su piedad. Y es que nadie que sepa que es Dios en verdad puede preferir estar a solas con Dios. Con respecto a Dios siempre estamos en falso. Al menos en tanto que en lo más profundo somos quienes no queremos saber nada de un Dios que lo primero que va a preguntarnos es dónde está Abel. De ahí que se halle más cerca de Dios quien confiesa su íntimo rechazo de Dios que aquel que da por sentado que Dios no es más que el abuelito de Heidi, pero en plan espectral.

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