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diciembre 13, 2016 Comentarios desactivados en secula

A la hora de comprender la Modernidad se suele hablar de secularización, esto es, de la reducción del imaginario religioso a categorías político-morales en donde Dios no juega ningún papel. Así la idea de progreso, pongamos por caso, se entiende fácilmente como una traducción secular de la esperanza escatológica, traducción que se justifica a sí misma como un estar más cerca de la verdad de las cosas. Sin embargo, está reducción, la creencia de que, en el fondo, se trata de lo mismo solo que prescindiendo de la ficción de Dios, supone un olvido de la naturaleza de la esperanza mesiánica en la redención. Pues, esta esperanza no concibe la redención como el final de la evolución histórica, sino como su inesperada interrupción. Para la esperanza mesiánica el hombre no puede soportar sobre sus espaldas el peso de la redención. De hecho, tan solo un Dios puede salvarnos. Y es que Dios no es algo que puede ser dicho de otro modo—no es el nombre de otra cosa, se trate del amor o del espíritu de la historia. Dios es, de hecho, lo que no admite una reducción —una traducción. Aquí vale aquello de traduttore, traditore. Y no la admite, precisamente, en tanto que Dios, el enteramente otro, es lo eternamente pendiente de la existencia y no aquel ente espectral con el que hemos de llegar a un buen trato. Por consiguiente, no hay, propiamente, secularización, sino olvido, por no hablar de ignorancia. En este sentido, podríamos decir que los tiempos modernos son el resultado de haber dejado atrás la verdad de Dios. 

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