el seductor y el amante

noviembre 28, 2016 Comentarios desactivados en el seductor y el amante

Hay quien ve en la mujer a una diosa. Es el caso del poeta provenzal —el caso del seductor—. La mujer es adorable por el simple hecho de ser mujer. Y algo de verdad hay en ello. Sin embargo, hay quien ve a la mujer como alma en pena, como alguien digno de ser abrazado en tanto que sufre, como todos, un consustancial déficit de ser —como alguien para el que la belleza es simplemente una máscara. He aquí la diferencia entre eros y agape —entre politeísmo y monoteísmo, por decirlo así. El seductor hace sentir a la mujer como esa diosa… que ella sabe que no es. Algo parecido podríamos decir del Dios de Israel. Pues, el Dios de Israel, en tanto que se reconoce como Yo —Yo soy el que soy (o el que seré, en traducción, quizá, más literal, y aquí Dios tiene pendiente, precisamente, ser—, sabe que difiere de sí mismo, esto es, de su divinidad. Y entre una cosa y otra —entre la belleza y la indigencia— andamos cojeando. Pues la redención que ofrece el casanova, al menos mientras no sea capaz de abrazar la pobreza de la mujer que seduce, es ficticia. Pero el abrazo incondicional del amante dícilmente le da al cuerpo la alegría de la Macarena.

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