metafísica zen

noviembre 17, 2016 Comentarios desactivados en metafísica zen

Que la alteridad de lo real —el Ser— sea lo que continuamente difiere de su hacerse presente como tal o cual cosa es lo que hay detrás, diría, de la diferencia ontológica tal y como la plantea Heidegger. De ahí que Ser y tiempo vayan de la mano. Que las cosas estén sujetas al tiempo significa que las cosas sufren un consustancial déficit de Ser. Si vemos las cosas que vemos es porque perdemos de vista su carácter de algo otro —porque su alteridad solo puede darse por supuesta (y en este sentido solo puede ser pensada). Las cosas no acaban de ser… y, por eso mismo, tienen pendiente ser. De ahí que Ser y deber Ser sean las dos caras de una misma moneda. Si hay algo en vez de nada es porque el Ser, en su hacerse presente como algo determinado, en sí mismo no se da. Esto es, porque, en definitiva, no hay nada. Hay mundo porque el todo no lo es todo —porque la totalidad de cuanto es tiene pendiente, precisamente, Ser. El Ser como absoluto trasciende eternamente el plano de lo sensible. Pero porque el Ser como lo enteramente otro carece de entidad —porque el Otro no es otro—, no hay más mundo que el que nos ha tocado en suerte. Porque el todo es no-todo, el todo es todo cuanto puede haber. Nietzsche —con Platón—podría decir aquí que la trascendencia del Ser supone una devaluación del mundo. Pero también podríamos ver las cosas de otro modo: precisamente, porque el mundo se nos da desde el horizonte de la nada —desde la eterna marcha atrás del Ser—, el mundo queda cargado con el aura de lo absoluto, literalmente, de lo sagrado. 

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