el Otto (2)

noviembre 13, 2016 Comentarios desactivados en el Otto (2)

Dice Rudolf Otto, en su clásico trabajo sobre lo santo, que el estremecimiento que nos provoca la irrupción de lo numinoso —y la correspondiente aniquiliación del hombre, su sensación de no ser mucho más que polvo y ceniza— es el síntoma de lo sobrenatural. La cuestión, sin embargo, es si dicha aparición demuestra la existencia de lo trascendente o si, más bien, estamos tan solo ante una figura de lo trascendente. Que el hombre, por definición, se encuentra sujeto a lo que de algún modo le supera vamos a darlo por descontado. Pero lo que, en definitiva, está por ver es qué nos supera en verdad. Pues, lo que en un momento puede provocar nuestra fascinación y temblor, la formación, pongamos por caso, de una supercélula, en otro es fácilmente explicado como fenómeno metereológico, de tal modo que la irrupción del exceso deja de producir ese sentimiento de nulidad que caracteriza la condición del homo religiosus. En este sentido, la primera crítica a la experiencia numinosa como principio y fundamento de la experiencia de la divinidad la encontramos en la crítica profética a la idolatría. Y es que para los profetas bíblicos lo que resulta en realidad estremecedor es el silencio que envuelve las fosas comunes de la Historia. Así, desde su óptica, aquello tan alucinante como terrible no es, propiamente, la invasión de Dios, sino su efectiva desaparición. Pues, la cosa que provoca nuestro estupor es siempre una apariencia, una falsa divinidad, en modo alguno Dios en verdad. Al menos en tanto que Dios en verdad —su radical alteridad— es lo que da un paso atrás en su mostrarse como dios.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo el Otto (2) en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: