sin buda no podría ser cristiano (1)

noviembre 3, 2016 Comentarios desactivados en sin buda no podría ser cristiano (1)

Paul F Kniterr, en su libro “sin buda no podría ser cristiano”, que acaba de publicar Fragmenta, se pregunta si aún es capaz de ser cristiano. Esto es, si todavía puede creer en un Dios Padre que tutela nuestras vidas desde lo alto y al que podemos invocar; y en Jesús, su único Hijo, que murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y que regresará al final de los tiempos como brazo ejecutor del juicio final. De hecho, esta es la cuestión —si aún podemos creer en ello— y no tanto si hay o no hay Dios. Pues, como hemos dicho en otras ocasiones, la cuestión es si, en el caso de que existiera un creador, aún podríamos reconocerlo como Dios —si aún podemos comprendernos como aquellos que se encuentran sometidos a Él como sus criaturas. A lo sumo, para nosotros, hombres y mujeres modernos, Dios sería un progenitor, pero difícilmente un Padre. Sin embargo, esta pregunta se la hicieron los profetas bíblicos antes que nadie. Para ellos, solo el pobre, aquel que no cuenta para el mundo, es capaz de Dios. El resto, quienes todavía confiamos en nuestras posibilidades, tan solo somos capaces de ciertas imágenes de Dios, aquellas que, precisamente, satisfacen nuestra necesidad de Dios. Nosotros solo podemos espontáneamente creer en ídolos. De ahí que el Dios de los pobres no sea un Dios al uso, sino un Dios que no aparece como Dios, un Dios que está por ver, un Dios, en definitiva, que se da como promesa de Dios. Y es que el pobre no es mucho más que un clamor de Dios en medio de la oscuridad. Y lo que vemos en medio de la oscuridad no es a Dios, sino a aquellos que ocupan el lugar de un Dios ausente: los huérfanos, las viudas, los inmigrantes… De ahí que quien ha visto a Dios no cuente nada de Dios, sino que, en vez de ello, regrese con las tablas de la Ley. Lo que se desprende de un Dios que brilla por su ausencia, es la voluntad de Dios: ¿dónde está tu hermano? Dios es, desde la óptica del sufrimiento, el que se encuentra a faltar, el Dios que, desde nuestra situación, coincide con su silencio. En el presente Dios es la nada de Dios. Desde el punto de vista bíblico, la cuestión de Dios no es, por tanto, la cuestión de qué hacemos con Dios —qué culto o sacrificio, qué ascesis le son pertinentes—, sino qué hacemos con aquellos que se muestran palpablemente como la huella de un Dios en falta, los dejados de la mano de Dios. O, por decirlo, con otras palabras, la cuestión no es qué divinidad, por decirlo así, colocamos en lugar del Dios bíblico, que es lo que supongo pretende hacer Paul F Knitter (de momento solo he leído el prefacio), sino qué pueden decirnos aún sobre Dios quienes sufren sobre sus espaldas el peso de su extrema trascendencia. Pues nos equivocamos si creemos que cualquiera puede experimentar a Dios. En cualquier caso, uno puede suponer lo que le parezca con respecto a las últimas cosas. Pero creer, en el sentido fuerte de la expresión, está en manos de muy pocos. No es casual que, cristianamente, nuestra fe no sea tanto nuestra como de quien fue crucificado en nombre de Dios. Creer, desde esta óptica, es creer en quienes creyeron en nuestro lugar, los que aún seguimos siendo incapaces de creer por nosotros mismos. 

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