papito

septiembre 13, 2016 Comentarios desactivados en papito

En las comunidades cristianas progresistas suele decirse, a la hora de justificar ciertas devociones, que la palabra aramea “abba”, con la que Jesús se dirigía a Dios, no debería traducirse como “padre”, sino como “papito”. Así, Jesús nos revelaría, contra lo que sostienen muchos aún, un Dios cercano, un Dios que puede encontrarse en los recovecos del corazón. La relación del hombre con Dios sería semejante a la de un niño con su padre. Ciertamente, algo de esto hay. Al menos, en tanto que el lenguaje bíblico sobre Dios carece de sentido para quien no se experimenta a sí mismo como criatura. Sin embargo, no parece que, si atendemos a los textos, podamos sostener que la cercanía de Dios que Jesús revela pueda comprenderse tan sentimentalmente como a menudo da a entender el cristianismo “progre”. La palabra aramea “abba” aparece tres veces en el Nuevo Testamento: Mc 14:36; Rm 8:15; Gal 4:6. En las tres ocasiones va seguida de su traducción al griego: “pater”. Ahora bien, según cuentan los que saben, “pater” no es la expresión que un griego habría utilizado para decir “papito” o “papi”. La palabra habría sido “pappas”, la cual no aparece por ningún lado en el Nuevo Testamento. Por tanto, “abba” no posee las connotaciones de “papito”, sino que de algún modo conjuga la familiaridad y el respeto con la que los hijos de por aquel entonces se dirigían a su padre. Por otro lado, tampoco creo que sea casual que donde aparece la palabra en el evangelio de Marcos sea en episodio de Getsemaní: como si la mayor intimidad con Dios se experimentase en el abandono de Dios. No parece que la experiencia que hay detrás pueda comprenderse como la consolación, que fácilmente podríamos calificar de narcista, de quien cierra los ojos y siente que Jesús le ama. 

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