el lugar del otro

agosto 31, 2016 Comentarios desactivados en el lugar del otro

Para que el otro se nos muestre como otro (y no como aquello que puedo asimilar del otro) ¿acaso no debe aparecer como extraño, como aquel que quiebra, precisamente, los muros de contención del yo, los que garantizan nuestro arraigo en el mundo? ¿No podríamos decir que dicha quiebra se produce, en último término, desde la acusación que procede del otro, aquella que reclama, de hecho, una reacción o, en el mejor de los casos, una respuesta de nuestra parte? (Hablaríamos de reacción cuando, ante lo insoportable de la acusación, decidiéramos matar al mensajero; en cambio, la respuesta solo cabe cuando reconocemos la autoridad de quien nos acusa.)  Y si esto es así, la alteridad del otro ¿acaso no exige la imposibilidad de que el otro se convierta en alguien familiar? Y, por eso mismo, ¿no diríamos que el otro en cuanto enteramente otro —como aquel que nos puede, como aquel en cuyas manos está el sí o el no de quienes somos— no es, por eso mismo, Señor? De ahí que solo fuera del mundo el otro pueda revelarse como tal.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo el lugar del otro en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: