risen (12)

agosto 19, 2016 Comentarios desactivados en risen (12)

Si es cierto que la fe en la resurrección se desarrolla a través de dos tradiciones inicialmente independientes —la de las apariciones y la de la tumba vacía—, entonces la fe en la resurrección no exigiría apariciones y tumba vacía, sino que bastaría con una de las dos. Así, Pablo, como es sabido, nada sabe de tumbas abiertas y barbacoas con los apostóles. Tuvo suficiente con su aparición. El final del evangelio de Marcos, en cambio, no dice nada de las apariciones, sino que se conforma con el hallazgo de la tumba vacía, el cual, sin embargo, no provoca la fe de las mujeres, sino su estupor. El añadido del ángel que las envía a Galilea es, dicen los que saben, un modo de ligar la tradición del sepulcro con la de las apariciones (pues, según parece, estas tuvieron lugar en Galilea). ¿Hemos de concluir que lo decisivo son las apariciones y que la tumba vacía, que probablemente existió, es una señal equívoca, la cual solo apunta a la iniciativa de Dios una vez las apariciones han tenido lugar? No parece, por tanto, que estemos ante dos tradiciones independientes, sino ante una sola, la de las apariciones (a la que se le añade como refuerzo, el dato, inicialmente ambiguo, de la tumba vacía). No hubo, pues, tradición de la tumba abierta, sino, en cualquier caso, el dato de la tumba abierta. Aunque quizá hubo un intento de tradición —algunos entusiastas llegaron inicialmente a proclamar la resurrección ante el dato de la tumba vacía—, pero los apóstoles probablemente se encargaron de poner dicha tradición en su sitio, que es subsidiario. No se niega el dato de la tumba vacía, al contrario, pues el testimonio de las mujeres, el cual en esa época no era de fiar, fue refrendado en la redacción de los evangelios por el testimonio de Pedro. Pero también es cierto que lo primero sigue siendo la aparición, aunque, posteriormente, lo primero en el modus exponendi será, obviamente, el salir de la tumba. Podríamos decir que las apariciones de Galilea proporcionaron la clave de lectura de una tumba incomprensiblemente vacía. De ahí, que no sea extraño que ante la mera aparición tanto pueda hablarse de resurrección como de exaltación.
Ahora bien, si hubo tumba vacía, entonces no debió tardarse mucho en descubrirlo. ¿Por qué Pablo no habla de ella? Porque, probablemente, lo considere irrelevante por equívoco, junto con aquellos a los que le debe la fe. Pero ¿cómo puede considerarlo irrelevante, si Pablo fue un apocalíptico? Quizá porque los apocalípticos ya eran muy conscientes de que la fe en la resurrección de los muertos era, de por sí, una metáfora, un modo de referirse a la restitución de la integridad del hombre y la mujer. De ahí que Pablo hable de sôma pneumatikón. Y de ahí también que Jesús replique a los saduceos que le interpelaban sobre la resurrección, que ellos no tenían ni idea cuando se preguntaban con quienes de los siete hermanos tendría que yacer la viuda sin descendencia, una vez fuesen resucitados (Lc 20: 27-33).

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