Nietzsche y el nazareno

julio 28, 2016 Comentarios desactivados en Nietzsche y el nazareno

Hay que darle la razón a Nietzsche para, cuando menos, medir el alcance de la preferencia evangélica por los más pobres. Pues con la pobreza va lo rastrero y lo chato, el hablar a gritos, el bajo instinto. Elegir sálvame de luxe, en vez de una noche en la ópera, tener granos en la cara en vez de un piel tersa. De ahí la pregunta de Nietzsche: ¿cómo un Dios pudo identificarse con la chusma? ¿Es conceptualmente posible? ¿Acaso esta posibilidad no resulta tan fantasiosa como que un príncipe llegue a querer a una mujer chabacana, una cenicienta? Un Dios que busque rebajarse de tal modo ¿puede seguir siendo un Dios? No, para quien sepa qué significa la palabra “Dios”. Y, por eso mismo, Nietzsche tendría razón, si la preferencia evangélica se inscribiese en el orden del ser y no en el del hacer. Pero el sermón del monte no dice que sea preferible ser pobre a no serlo, sino que el pobre se encuentra en aquella situación —la del abandonado de Dios—, en la que es posible responder a la demanda de Dios, la cual no es otra que la de quien pide pan para saciar su hambre; aquella en la que la sed de justicia puede configurar una existencia entera. Y es que, bíblicamente, la relación con Dios no se decide en el orden del ser, sino en el de la responsabilidad. Con todo, que el pobre se encuentre en esa situación tampoco garantiza nada.

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