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julio 18, 2016 Comentarios desactivados en maestros

¿Cuál es el problema lógico de los maestros de la sospecha? Pues que caen en la falacia del positivismo, al confundir las condiciones de aparación con las de la justificación. Esta distinción es habitual en ciencia. Así, puede que Einstein hubiera soñado con su ecuación. Pero este hecho no invalida su posible verdad, pues ella depende de su contrastación con los datos de la experiencia. Así, es posible que el resentimiento esté en la base de la convicción cristiana, tal y como defiende Nietzsche. Esto es, que el cristianismo originariamente no sea mucho más que la expresión de una envidia elemental. Pero también podría ser que dicho resentimiento fuera la escalera por la que el cristiano asciende a cotas superiores, como quien dice. Desde esta óptica, la verdad cristiana, aunque ciertamente su justificación no deriva de una contrastación a la científica, sería algo más que resentimiento, aun cuando tuviera su origen en él. De hecho, es lo que ocurre con el amor. Primero hay ilusión, en el doble sentido de la palabra. Luego viene el desencanto, por no hablar de fracaso. Sin embargo, puede que después, si llega, haya reconciliación, la cual es, ciertamente la verdad del amor, su última palabra. Así, aun cuando en su origen no haya mucho más que espejismo, este apunta a una realidad más alta: la del encuentro de los amantes en la pacificación. De ahí que, del mismo modo que en el caso del amor, la verdad cristiana solo puede ser contada. Nos equivocamos pues cuando pretendemos constrastar con los hechos las declaraciones del kerigma cristiano como si estuviéramos ante enunciados del tipo la nieve es blanca.

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