el cielo sobre Berlín

julio 7, 2016 Comentarios desactivados en el cielo sobre Berlín

En el fondo, el cristianismo cuenta una bonita (e incomprensible) historia de amor: la de un Dios que quiso hacerse hombre —aunque, para ello, tuviera que renunciar a su divinidad— para poder amar al hombre. Algo así como el cuento de la Cenicienta pero en crudo: el príncipe va de incógnito y ella no deja de ser una chica vulgar. Como sabemos, la historia tiene un final feliz: tras el fracaso de su propósito, el príncipe se quita la máscara y consigue, por eso mismo, rescatar lo mejor que hay en esa chica y que permanecía oculto bajo el manto de la vulgaridad. En definitiva y parafraseando a Atanasio: el principe se hizo del vulgo para que la chica vulgar pudiera llegar a ser princesa. Sin embargo, uno puede preguntarse si para este viaje hacen falta estas alforjas, esto es, tanto sacrificio. Pues, teniendo en cuenta que el rescate depende de que finalmente el príncipe se quite la máscara (esto es, sea exaltado como divino de entre los muertos), quizá hubiera sido mejor comenzar por ahí, como en el cuento de Disney. En cualquier caso y cristianamente hablando, cabe una variante: la chica le da calabazas al príncipe, pues no le cree cuando revela su condición. De ahí que, desde la óptica de la fe, los hombres se dividan entre quienes responden con un sí al amor sacrificial de Dios y quienes rechazan su propuesta de matrimonio. Sin embargo, la historía resulta más interesante —quizá más significativa—, si nos quedamos con el Dios que deja de ser Dios por amor al hombre y que, con todo, fracasa, muriendo además en el intento (y para más inri a manos de aquel a quien ama). Ahora bien, desde el punto de vista cristiano, quizá deberíamos añadir una nota al margen: el crucificado muere perdonando lo humanamente imposible. De ahí que la revelación del crucificado como Dios humillado tenga lugar al pie de la cruz, siendo la exaltación post mortem un modo, quizá mítico, de exponer el valor soteriológico de la cruz. Aunque para los primeros cristianos, obviamente, la resurrección no fuera solo una interpretación de la muerte vicaria del Hijo, sin el acontecimiento escatológico que ponía un punto y final a la Historia.

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