risen (7)

junio 22, 2016 Comentarios desactivados en risen (7)

Es curioso que en aquellos fragmentos bíblicos donde se intenta describir “la resurrección de entre los muertos” —Is 26,19; Dan 12, 2; 1Co 15,20…—, así como en los apócrifos de la literatura apocalíptica, se hable siempre en términos metafóricos: resucitar será como un “despertar del sueño y levantarse”. ¿A qué obedece esta resistencia a describir “la resurrección de entre los muertos” como resurrección tal cual? ¿Por qué no concebir la esperanza creyente en los mismos términos en que se habla de ella? ¿Quizá para evitar que podamos hacernos una idea, precisamente, de lo que es al fin y al cabo increíble? Probablemente. Pues, la esperanza en la resurrección no arraiga en la necesidad humana de sentido, sino en una firme confianza en Dios: Dios no puede dejar en la estacada a las víctimas del pasado. Esto es, en nombre de Dios, el pasado aún permanece abierto. Hay algo de irresuelto en lo que ya ha sido dejado atrás, a saber, la vida que todavía tienen pendiente las víctimas inocentes de la Historia. De ahí, que una fe incombustible en Dios, junto con la convicción de que la Historia no tiene por sí misma remedio, vaya con la esperanza de una “resurrección de entre los muertos”, para que ni siquiera la muerte pueda librarnos del juicio de Dios. De ahí que esto de la “resurrección de entre los muertos” no sea tanto una posibilidad, aunque se trate de una posibilidad ultramundana, como de un imperativo. Así, los muertos deben resucitar, en nombre de Dios, si Dios es un Dios de Justicia (que lo es, al menos para el creyente)… y ello aun cuando no nos lo podamos creer. Para quien cree en Dios —para quien se encuentra en sus manos—, la verdad de Dios no puede ser, en modo alguno, humanamente asimilable, (y, por eso mismo, no puede exponerse en el tiempo verbal del futuro simple, sino en los términos del imperativo), en tanto que lo humanamente asimilable es, en definitiva, algo relativo al hombre. Por eso un creyente de los de antes no hubiera entendido cómo hoy en día separamos tan fácilmente la confianza en Dios de la esperanza en la resurrección final de los muertos, la cual exige una traducción para que podamos aceptarla: como si en verdad los primeros creyentes hubiesen querido decir otra cosa. Como si lo segundo, no fuera cristianamente con lo primero. De hecho, un creyente como Pablo hubiera entendido esta distinción como el síntoma de una profunda falta de fe.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo risen (7) en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: