carnívoros

junio 14, 2016 Comentarios desactivados en carnívoros

Quizá solo el alma primitiva pueda saber, a flor de piel, lo que es el otro. Pues, quizá solo mientras corramos el peligro de ser devorados, estemos realmente expuestos a la alteridad. En este sentido, la Ciudad, en tanto que conjura este peligro, es el lugar donde nada otro puede tener lugar —donde el otro solo puede ser pensado in abstracto o representado en los cuentos infantiles, en las películas de terror. En la Ciudad, el yo es el centro y la alteridad, eso que inevitablemente perdimos de vista. No es casual que los ciudadanos no puedan ya comprender lo que pone en juego el lenguaje de la antigua experiencia de Dios. Así, no hay quien entienda, por ejemplo, que ver el rostro de Dios es morir. Para quien ha hecho de Dios el motivo de una moción sentimental, esto último es, en el mejor de los casos, un malentendido, cuando se trata propiamente de una verdad de la que hemos sido privados. Podríamos decir que quizá por suerte, pero pagando, eso sí, el precio de nuestra inanidad.  

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