setze jutges

junio 5, 2016 Comentarios desactivados en setze jutges

Quienes sostienen, dentro del amplio espectro del cristianismo progre, que Dios no juzga ¿acaso no es porque ellos no se sienten juzgados? ¿Cómo están tan seguros de que no habrá Juicio? ¿Acaso no nos juzga ya la mirada del que no cuenta para el mundo —la mirada de la criatura huérfana de Dios? Ciertamente, en cristiano, lo que va por delante es el perdón. Pero esto no significa que no haya Juicio. El encontrarse sub iudice es, precisamente, lo que en gran medida somos, seamos o no conscientes. Ahora bien, si por delante va el perdón —y cristianamente es así—, entonces lo que nos juzga no es el mandaro del padre (esto sería aún Antiguo Testamento), sino la misericordia de una madre, el tiempo de gracia, la segunda oportunidad que nos concede su compasión. De hecho, cualquiera que haya caído, pongamos por caso, en manos de la heroína sabe que aquello que le obliga a responder no es tanto la acusación, si no el desprecio, del padre, como el hecho de que su madre siempre tenga un plato para él en casa. De hecho, el amor de la madre es más terrible para el hijo que las demandas paternas. Ante estas últimas siempre tendrá una defensa, aunque sean las típicas excusas que justifican su debilidad.

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