creer que se cree

junio 4, 2016 Comentarios desactivados en creer que se cree

Fácilmente seguimos recitando aquello del credo: “y desde allí vendrá con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos”. Pero ¿nos lo creemos de verdad? ¿Acaso no deberíamos decir, por el contrario, que creemos que creemos? ¿Es que no confundimos aquí lo que suponemos con la fe? Pues, si creyésemos realmente que nos encontramos sub iudice ¿no nos entraría una especie de angustia —un cierto temblor de piernas? ¿Quién puede asegurar que merece la absolución de Dios? ¿No somos, quizá, los que pasamos de largo? Sin embargo, puede que Mt 25 nos dé una pista de por donde van los tiros. Y es que los salvados en el día del Juicio son, precisamente, los que ignoraban que, cuando daban de comer al hambriento o de beber al sediento, se lo hacían a Dios mismo, mejor dicho, a aquel que ocupa el lugar de Dios, su lugarteniente, su enviado en representación, su Hijo. ¿Será verdad, entonces, que el único modo de cumplir con la voluntad de Dios es sin Dios mediante, esto es, sujetos, precisamente, al eclipse de Dios? Ahora bien ¿cómo se conjuga esto último con la justificación cristiana por la fe? ¿Acaso la soteriología cristiana no exige una adhesión a Jesús como Hijo de Dios y, por tanto, una cierta gnosis? ¿Es que cabe resolver cristianamente la tensión entre Pablo y Santiago en torno a la cuestión sobre qué nos vuelve aptos para la vida de Dios? ¿No podríamos decir  que Mt 25 es aún demasiado judío como para ser cristiano? Pues ¿acaso el cristianismo no parte de la convicción de que, si somos capaces de hacer el bien —de cumplir con la voluntad de Dios y dar de comer al hambriento sin hacer de este acto un motivo de la propia autojustificación— es porque hemos sido previamente salvados por la exculpación del crucificado?

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