risen (2)

junio 3, 2016 Comentarios desactivados en risen (2)

Y, con todo, es posible que la Iglesia se decantara por el lenguaje de la resurrección, no solo para mantener en su seno a la clase popular, por decirlo así, —no solo para evitar la deriva hacia un elitismo espiritual—, sino para subrayar, como sostiene James Dunn, el carácter objetivo de la revelación de Jesús como Hijo —como agente escatológico de Dios. A la hora de referirse a la visión del resucitado, el uso del término “òphthe”, que significa estrictamente “ver algo”, en el sentido más pasivo de la expresión, ya sugiere que no estamos simplemente ante un caer en la cuenta del significado de la cruz, aun cuando la visión también implicara, de algún modo, un caer en la cuenta. Se trata, al fin y al cabo, de impedir que la revelación acabe siendo algo de los discípulos en vez de algo de Dios. Esto es, se trata de insistir en que la resurrección no es solo un interpretandum —algo que se determina únicamente en el campo de la teología neotestamentaria—, sino el acontecimiento que responde a la iniciativa de Dios. Otro asunto es que nosotros tan solo podamos comprender el relato de la resurrección como un interpretandum, es decir, que nos esté vedada la resurrección como visión o experiencia, simplemente porque la cultura que la hace posible ya no es la nuestra, más en concreto, porque ya no sabemos qué hacer con esto de la iniciativa de Dios. Pero de ahí no se sigue que fuera, para sus testigos, solo un interpretandum. Ellos, probablemente, vieron algo… que nosotros ya no podemos ver. Del mismo modo que los primitivos no estaban equivocados al ver la manifestación de la divinidad en lo que para nosotros no es más que un fenómeno natural, aunque extraordinario (una supercélula, un volcán, un tornado…). Ellos, los primitivos, en tanto que se encontraban expuestos al exceso de lo natural no podían evitar ver espontáneamente (y no solo interpretar a posteriori) ese exceso como sobrenatural. Podríamos decir que la interpretación va con la visión —que no hay visión que no posea una carga teórica, por emplear la feliz expresión de N. R. Hanson. Así, no es posible ver lo mismo donde Dios no se da por descontado que donde la presencia de Dios —o de los dioses— no se discute por tratarse de algo demasiado tangible. No hay visión que no suponga un cierto saber —no hay ver que no sea un ver como. Y quizá porque ya no es posible una visión del resucitado como tal —porque ya no cabe actualizar el acontecimiento de la resurrección—, tan solo podamos acceder a la resurrección a la Emaús, esto es, estando sujetos al espíritu de la resurrección, el cual se hace presente en la comprensión del plan de Dios y en el compartir el pan. Sin embargo, ¿no es esto ya anticipado, de hecho, por los mismos textos neotestamentarios? ¿Acaso no escribió Juan aquello de felices los que creen sin haber visto? ¿Acaso el acontecimiento de la resurrección no da pie a un mundo en el que la resurrección no podrá ya comprenderse, precisamente, como acontecimiento? Resulta por tanto absurdo preguntarse, si hubo en realidad resurrección o si simplemente se trato de un modo de exponer, en clave narrativa, el significado de la Pasión. Pues, el lenguaje de la resurrección, con todo lo que implica con respecto al plan de Dios, responde a las apariciones que efectivamente tuvieron lugar, así como también al hecho, parece ser que innegable, de la tumba vacía —y, por tanto, dicho lenguaje sería algo así como la carga teórica que va con la visión y que, de algún modo, la hace posible, en tanto que no todos, por ejemplo, vieron al resucitado en lo que vieron—, apariciones que, por otro lado, nosotros díficilmente podemos entender actualmente como tales, esto es, como visiones del resucitado. Dicho con otras palabras, hubo resurrección, aun cuando nosotros no podamos ya comprender lo que representa como algo asociado a una visión —aun cuando nosotros solo podamos decir que ellos, los testigos, creyeron que vieron. Esto es, realmente la resurrección tuvo lugar, pero no para nosotros. Para nosotros, solo puede darse como significado de la cruz. Mejor dicho, para nosotros, en cualquier caso, Emaús. Ahora bien, de aquí se desprende que nosotros, hombres y mujeres de los tiempos modernos, quizá en vez de proclamar aquello de creo en la resurrección de la carne deberíamos confesar que pertenecemos, si es que fuera el caso, al espíritu de la resurrección, lo cual no es exactamente lo mismo.

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