tus zapatillas Nike y las ambivalencias de la Ley

junio 1, 2016 Comentarios desactivados en tus zapatillas Nike y las ambivalencias de la Ley

Hoy tendemos a creer que la antigua prescripción judía que prohibía comer con los paganos fue un caso de vieja intolerancia o de legalismo extremo. Sin embargo, nuestra condena, al margen de la parte de verdad que pueda contener, revela una deficiente comprensión del papel de la Ley. La Ley, bíblicamente hablando, no pretende otra cosa que garantizar la presencia de Dios en una sociedad continuamente amenazada por la impiedad. Evidentemente, nuestro cristiano desprecio de la Ley en favor de una supuesta autenticidad del corazón, dejando a un lado la ingenuidad que supone el obviar las ambigüedades propias de lo sentimental, olvida que el hombre solo puede querer algo en verdad donde se ata al mástil de la Ley. Para entender mejor la prescripción judía con respecto a los paganos, imaginemos, pongamos por caso, que decidiéramos dejar de comprar zapatillas Nike porque sabemos que son el resultado de la explotación infantil. Difícilmente, entenderíamos esta prohibición como una caso de frío legalismo o intolerancia. Si creemos que no se trata de lo mismo es, precisamente, porque Dios ya apenas importa. Pero la cuestión de la pureza que late en el fondo de la Ley no es secundaria para quien se encuentra cabe Dios. Pues de lo que se trata aquí es de preservar este encontrarse cabe Dios frente al riesgo de olvidar o de caer en la degradación. Y ya se sabe que si andas con cerdos, fácilmente olerás a cerdo. O que eres en gran parte lo que haces. Y no puedes pretender ser un buen tío, si te dedicas al tráfico de órganos. O, como dice el refrán, dime con quien andas y te diré quien eres. La pretensión de la pureza es inherente, por tanto, a la experiencia religiosa de Dios: quien la ha tenido, quiere inevitablemente permanecer ahí, en su ámbito. Sin embargo, el cristianismo, en tanto que judaísmo radical, insiste en que tal pretensión, a pesar de todo, no decide la relación del hombre con Dios. Y está en lo cierto. Pues, desde una óptica bíblica, el hombre necesariamente fracasa cuando intenta alcanzar a Dios o mantener la llama de la experiencia originaria. La Ley, que en principio es buena, tarde o temprano, acaba siendo el instrumento de la propia justificación. Por eso, de lo que se trata cristianamente, aunque de hecho esto es, en el fondo, muy judío, no es de ser puro —cosa que no está en nuestras manos— sino de obedecer, ser fiel al mandato de Dios, el que nace, precisamente, de los estómagos del hambre y las gargantas de la sed. Y, quizá sobre todo, de aceptar el perdón que viene de nuestras víctimas.

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