asuntos contables

marzo 30, 2016 Comentarios desactivados en asuntos contables

Quizá la cuestión que confiere una definitiva seriedad a nuestra existencia —quizá la única cuestión— es quién nos obliga a pasar cuentas. Esto es, ante quien deberemos justificarnos. Ciertamente, esta no es una pregunta que nos hagamos habitualmente. Más bien, los tiempos modernos se entienden como los tiempos en los que el hombre cree que solo tiene que rendir cuentas ante sí mismo. Podemos, sin duda, ser religiosamente un poco más sofisticados y creer que, en definitiva, tendremos que rendir cuentas ante Dios. Pero cristianamente hablando no cabe algo así como una relación directa con Dios. Quien así lo supone, fácilmente termina haciendo de Dios una madre que todo lo disculpa, una especie de excusa para seguir siendo unos niños. Es verdad que, cristianamente, el perdón va por delante. Pero el perdón es una última oportunidad para responder a la demanda que procede de Dios, aquella que nace de los estómagos vacíos. Pues, cristianamente, uno se encuentra ante Dios donde se encuentra ante el pobre con el que Dios se identifica. Es el pobre —y no el dios de la interioridad burguesa— aquel al que le debemos una respuesta, aquel que decide el sí o el no de Dios a nuestra entera existencia. Que no nos tomemos esto en serio es ya, de por sí, el síntoma de que vivimos de espaldas a Dios, aunque hayamos llenado nuestra boca con su nombre.

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