el otro

marzo 16, 2016 Comentarios desactivados en el otro

El otro —mejor dicho el gran otro—siempre quiere algo de ti. O bien, devorarte, o bien obligarte. En el primer caso, le ofrecemos algo de valor a cambio: un cabrito, las primicias, un vástago. El sacrificio, se supone, sacia el hambre del dios. En el segundo caso, buscamos una salida, por lo común, convirtiendo al Dios de la demanda infinita en el abuelito de Heidi. En ambos casos, el gran otro se revela como el poder que nos puede. Y de ahí que busquemos sobrevivir a ese poder. La religión es, grosso modo, esto: una táctica de supervivencia. Más extraño resulta, sin embargo, que el gran otro se revele como impotencia, como aquel que se pone en nuestras manos —como esa criatura que reclama nuestra piedad. Lo desconcertante, pues, para una sensibilidad que busca el amparo de Dios es que el Sí o el No de nuestra existencia se decida ante un Dios que tiene lugar como ese niño nacido en un establo. 

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