silentes (y 2)

marzo 10, 2016 Comentarios desactivados en silentes (y 2)

Hay dos tipos de silencio: el que provoca nuestro asombro ante el exceso de la creación —el hecho mismo de que haya algo en vez de nada— y el que nace de nuestro estupor ante las chimeneas humeantes de los lager. El primero conduce a Oriente. El segundo, a Jerusalén. No son incompatibles. Al contrario. Pero si nos quedamos solo con el primero no llegamos a Dios. Tampoco si solo contamos con el segundo. Con el primero seguimos siendo unos niños. Con solo el segundo nos convertimos en nihilistas. El creyente, sin embargo, se sitúa entre ambos: entre la admiración y el enmudecimiento, entre la ingenuidad y el nihilismo más feroz. Podríamos decir que el creyente permanece en la perplejidad mientras aguarda un último dictamen, un eterno por-venir. Quizá deberíamos admitir que, con respecto a Dios, no hay saber que cancele nuestra esencial apertura a lo imposible, esto es, a ese deber-ser que en modo alguno puede darse como una posibilidad del mundo.

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