el lado oscuro de la virtud

febrero 9, 2016 § Deja un comentario

Toda virtud posee su lado oscuro, su deformación. El lado oscuro de la virtud no es, propiamente, su contrario, sino su sobrante. Así, el lado oscuro de la generosidad es el derroche. El de la voluntad, la obcecación. El de la esperanza, la ilusión. El de la valentía, la temeridad. El de la bondad, la estupidez. La virtud no deja de ser virtud solo por defecto, sino también por exceso, aunque quizá deberíamos decir sobre todo por exceso. Pues si la virtud se halla anclada en un modo de ser —si la virtud es el lado luminoso del carácter— resulta hasta cierto punto estéril decirle al iluso que sea un realista. Un iluso no puede ser un realista, sino en cualquier caso alguien con esperanza. Ciertamente, cuando le inyectamos dosis de realismo contribuimos a disminuir su ilusión. Pero resulta vano, en condiciones normales, pretender que acabe siendo quien no es: alguien ligado al dato, a lo que hay. Su tendencia natural es la de quien vive esperanzado y, por tanto, su telos —su horizonte vital— es la esperanza, no el realismo. Y a la inversa, todo defecto tiene su lado luminoso. Así, resulta estéril decirle al tacaño que sea generoso. No puede serlo por constitución. En cualquier caso, lo que debe acabar siendo es aquello que en el fondo es: alguien austero, ahorrador. No iban desencaminados los griegos al reconocer que no hay virtud —no hay buen carácter— sin unas buenas dosis de sabiduría.

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