a propósito de Karen Horney

febrero 4, 2016 § Deja un comentario

No hay solucion moral al problema del deseo. Esto es, no podemos ser de una pieza con respecto a lo que provoca nuestra pasión. Pues lo que deseamos posee siempre dos rostros. Así, podríamos decir, según la concisa fórmula de Karen Horney, que la mujer no desea otra cosa que un amo al que poder dominar, una bestia que coma de su mano. Ciertamente, no hay hombre, salvo el imaginado, que pueda colmar este apetito. Si es una bestia, no se dejara dominar. Si, en cambio, come de su mano será a costa de su poder. Y a la inversa: no hay mujer que pudiera preservar su integridad frente al hombre que encarnara tal cual su deseo. Pues la bestia hará de ella una pieza de caza y el que se deje dominar hará de ella una madre. Es por ello que el deseo solo puede resolverse como representación, es decir, como esa ficción que representan los amantes cuando asumen un papel. La solución al problema del deseo es, por tanto, política. Ciertamente, cabe el encuentro de las almas, como quien dice. Pero ese encuentro —lo que en verdad puede acontecer entre un hombre y una mujer— solo es posible cuando caen las máscaras, tras el fracaso de las pretensiones del deseo. Sin duda, el amor solo puede ser contado. O, por decirlo con otras palabras, el amor solo puede darse como historia.

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