messiah

enero 13, 2016 § Deja un comentario

No hay mujer que no espere la llegada del mesías, del hombre que la saque del agujero de insignificancia en el que habita. Es lo que hallamos, por ejemplo, en el mito ancillar de la cenicienta. Por otro lado, es igualmente cierto que la mujer también espera que el mesías coma de su mano, lo cual, sin embargo, es difícil que se dé, a menos que el mesías se desprenda de su aura. El único modo de resolver esta antinomia es por medio de la representación: los amantes, así, se ven obligados, si quieren preservar en el deseo, a representar un papel. Pero no hay función que cien años dure. Tarde o temprano cae el telón. Eso por no hablar de la posibilidad, nada despreciable, de que el mesías no esté por la labor de redimir a una mujer. Pero ese es otro asunto. 

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