profetas

enero 10, 2016 § Deja un comentario

El profeta no se limita a proclamar un ideal moral. Su palabra punzante se dirige también a Dios. Pues la profecía, a diferencia del mito, se alimenta de la perplejidad que provoca una Creación dejada de la mano de Dios. Nos equivocamos donde creemos que el profeta se limita a ser el pepito grillo de Israel. Dios, para el profeta, nunca fue algo que pudiéramos dar por sentado. Su mensaje, en última instancia, no es “papá quiere que nos portemos bien, pues de lo contrario nos dejará sin chuches”, sino “por qué papá ya no está con nosotros”. Es la interrogación profética —y no las imágenes del mito— lo que renueva el poder de las significaciones. Al fin y al cabo, hay más verdad en la pregunta que en la verdad.

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