sin pensar

enero 5, 2016 § Deja un comentario

No deja de llamarme la atención la cantidad de creyentes que creen sin preguntarse si eso en lo que creen es, sencillamente, verdad. Ciertamente, la fe reposa sobre una incondicionalidad de fondo. La duda sistemática —el ejercicio de la sospecha metódica— solo puede concluir en un yo soberano, aunque consciente de su propia finitud. Por contra, la fe solo es posible donde el dato incuestionable es, de hecho, la realidad del otro. Ahora bien, el otro, en tanto que real, es precisamente lo que no se da o mejor dicho, lo que se escapa en el hecho mismo de darse, al fin y al cabo, un dato contrafáctico: una promesa, un imperativo, un deber ser o, por decirlo en bíblico, una llamada a cargar con el peso del huérfano, la viuda, el extranjero. De ahí que nuestra relación con el otro solo pueda concebirse míticamente. Pues la verdad del mito consiste en decirnos que la realidad del otro solo puede ser espectral. Pensar demasiado, como decía Pascal, nos aleja de la fe. Pero no pensar en absoluto, donde el mito ha perdido su antigua validez, nos impide captar el sentido más original de lo trascendente. Pues en un mundo en donde Dios no se da por descontado, la verdad del mito solo puede recuperarse pensando la alteridad.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo sin pensar en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: