reverencia-irreverencia

diciembre 17, 2015 § Deja un comentario

La posición básica del homo religiosus es la de quien se arrodilla ante el otro. El otro, para quien posee un temperamento religoso, es objeto de reverencia. Se trata, en definitiva, de un estar en manos del otro. El centro está, pues, afuera de uno mismo. No debería extrañarnos, por tanto, que el homo religiosus no se encuentre cómodo en una modernidad donde el yo es soberano —donde cualquier dependencia del yo se entiende como alienación. Pues no hay alteridad que valga para quienes el otro solo se da como aquello que puede ser asimilado del otro, esto es, como reducción de su genuina alteridad. Desde la óptica del individualismo moderno, el otro en verdad es siempre un resto, lo que, literalmente, despreciamos a la hora de constituir una familiaridad.

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