inmortalidad

diciembre 17, 2015 § Deja un comentario

La cuestión es si el Otro, así con mayúsculas —la alteridad irreductible con respecto a la cual se da nuestra existencia—, garantiza o no nuestra vida más allá del final. Podemos, ciertamente, encontrarnos en manos del otro —podemos, como suele decirse, reverenciarlo. Pero queda abierta la pregunta por si nuestra dependencia del Otro nos librará o no de la muerte. Cuando resolvemos la cuestión, dando por hecho que sí, entonces la muerte pierde su aguijón, deja de ser un vértigo. Y, así, caemos en manos del mito, una vez le cerramos el paso a las últimas preguntas. Y aquí es irrelevante si el mito adquiere las formas de la típica creencia religiosa o si, por el contrario, se oculta en los oropeles de la demostración filosófica. Las últimas preguntas han de permanecer irresueltas, si de lo que se trata es de abrazar la existencia. Quienes dan por hecho que la muerte no es más que una puerta de entrada a otra dimensión —quienes hacen del misterio un factum, aunque hipotético— no se exponen, en verdad, a una genuina trascendencia, sino que, por el contrario, la confinan a los estrechos límites de la subjetividad. Aquí, como quizá ocurre con respecto a cuanto importa, solo cabe esperar.

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