Giordano

diciembre 5, 2015 § Deja un comentario

La Iglesia tuvo sus razones para condenar a Giordano Bruno. Y es que donde el universo deviene infinito va a resultar muy difícil seguir creyendo en un Dios personal, hasta cierto punto accesible. El Dios de la devoción no termina de casar con un cosmos que ha dejado de ser doméstico. En esto la Iglesia tuvo un olfato más fino que muchos creyentes actuales. Otra cosa es que sus razones fueran razonables. Pero creer que la Iglesia se equivocó y que la idea de un Dios oceánico está más cerca de la verdad de Dios que la de los antiguos creyentes es dar gato por liebre. Pues es evidente que no creemos en lo mismo al sustituir el Dios bíblico, desconcertante hasta lo incomprensible, por el Dios magmático de la espiritualidad transconfesional.

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