el que es

noviembre 28, 2015 § Deja un comentario

Para la mentalidad griega, todo se decide en relación con lo que es. Por un lado, hay lo que es. Por otro, lo que no acaba de ser (y, por tanto, no es). Así, Dios es y el hombre no es. Según este esquema la posibilidad misma de un descenso de Dios —la posibilidad de una plena encarnación de lo divino— resultaba, sencillamente, ininteligible. O, por decirlo con otras palabras, para un griego Dios no podía encarnarse sin que ello fuera degradante para Dios. Ciertamente, la divinidad podía adoptar el aspecto del hombre. Pero ello en ningún caso podía entenderse como si Dios se hubiera dado —entregado— como hombre. Que un dios pudiera pasearse por la tierra no afectaba a la naturaleza misma de lo divino. Es verdad que los griegos, bajo la influencia del platonismo, admitieron una gradación de lo divino —que Dios, en definitiva, pudiera manifestarse como emanación de sí. Sin embargo, la gradación de lo divino fue experimentada, en cualquier caso, como una degradación de lo divino. Evidentemente, estamos en las antípodas de la confesión cristiana, la cual comprende la kénosis divina en los términos de un sacrificio por amor. En este sentido, la dogmática cristológica más que una acomodación a las categorías conceptuales del helenismo, fue un intento de mantener, dentro de dichas categorías, la inconmensurabilidad del Dios bíblico con respecto a la concepción griega de lo divino. De ahí su carácter paradójico. Y de ahí también que, una vez hemos perdido de vista el contra qué se acuñaron los dogmas cristológicos, el sentido pagano de la divinidad resurja fácilmente de sus cenizas como una especie de sentido común religioso frente a una dogmática hoy en día intratable.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo el que es en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: