sobre la oración de petición

noviembre 7, 2015 § Deja un comentario

Dice Queiruga que la oración de petición es una práctica sin sentido, un resto de antiguas supersticiones. Como si Dios no supiera de antemano qué necesitamos. Sin embargo, no parece que podamos poner en el mismo saco la demanda más o menos interesada que el clamor que nace de la desesperación. En el primer caso, nos dirigimos a una especie de deus ex machina, un dios que, de existir, difícilmente podríamos aún admitir como Dios. En el segundo, levantamos nuestra vista a un cielo de plomo. En el primero, esperamos la transacción. En el segundo, no nos atrevemos ni siquiera a esperar una respuesta de Dios. En el primero, el yo está, en cierto modo, fuera de su petición. En el segundo, no somos mucho más que cuerpos arrodillados, doblegados por el sufrimiento. Lo primero es costumbre —y como tal puede ser abandonada. Lo segundo no parece que podamos desestimarlo sin pecar de orgullo. Tendrán razón los starets cuando dicen que, cristianamente, no reza nuestro espíritu, sino nuestro cuerpo. Al fin y al cabo, no se dirige a Dios quien quiere, sino quien puede.

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