restituir el alma

noviembre 3, 2015 § Deja un comentario

Que el cristianismo fue, en su momento, una revolución es algo que no solemos tener muy en cuenta. Entre otras cosas, porque el background cristiano ha pasado a ser un lugar común. Así, a todos nos parece obvio que las diferencias culturales no determinan el valor del humano —que un concursante del gran hermano, pongamos por caso, posee la misma dignidad humana que un nobel de literatura o un maestro zen. Pero esto en modo alguno hubiera sido obvio para una sociedad aristocrática como la de la Atenas del s. V a C. Para los hombres de la antigua sensibilidad los concursantes del gran hermano hubieran estado más cerca del animal que de lo propiamente humano. Para ellos la defensa de la dignidad de esos concursantes les hubiera sonado a defender la dignidad humana de la bestia. De ahí que para quienes poseen una sensibilidad aristócrática, el cristianismo —y de paso el Dios cristiano— sea una provocación. Que la vida que posee el aura de lo sagrado no sea la vida elevada, sino la vida rastrera —la existencia que, por el peso de la desigualdad, se ve obligada a llevar una vida perra— es algo sencillamente inaceptable para quien posea un mínimo sentido del ascenso espiritual. De hecho, lo que hizo Pere Claver con los negros que desembarcaban en el puerto de Cartagena de Indias fue visto por sus contemporáneos, incluyendo a muchos de sus compañeros jesuitas, como si intentara extraer el alma de unos chimpancés.

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