apenas importa

octubre 22, 2015 § Deja un comentario

Para los miembros de la clase satisfecha de Occidente, la cuestión acerca de Dios ha dejado de ser relevante. Podríamos decir que ya no es el tema. Hablar de Dios es como hablar de Tutankámon, una preocupación, en definitiva, arqueológica. Esto no implica que haya desaparecido por completo el anhelo de trascendencia. Simplemente que dicho anhelo —la inquietud frente a lo desconocido o lo fundamental— se canaliza, salvo infantilismo, por medios no religiosos. Por lo común, se expresa en los términos de la indagación científica. Así la pregunta por Dios se ha convertido en la pregunta por si hay o no otras dimensiones de lo real y cuáles pueden ser. Pero, evidentemente, no estamos hablando de lo mismo, aunque algunos pastoralistas pretendan colarnos el deseo de Dios por la puerta científica. Es probable que el olvido de Dios tenga que ver con nuestra satisfacción. El clamor que clama al cielo es algo propio de desgraciados, no de quienes no tenemos la necesidad de, cuanto menos, preguntarnos si realmente Auschwitz, Sebrenica, Alepo… constituyen la última palabra del mundo.

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