las invasiones bárbaras

septiembre 14, 2015 § Deja un comentario

El título del post, tomado de la película de Denys Arcand, viene a cuento de la denominada crisis migratoria. La foto del niño muerto en la arena ha removido, una vez más, la conciencia de Occidente. Algo hay que hacer con esos hombres y mujeres que huyen del terror. Un cristiano —un hombre de bien— no puede preguntarse por los costes de su solidaridad. Pero un político debe hacerlo. Merkel ha declarado que “el derecho fundamental de asilo para las víctimas de la represión política no tiene límites”. Probablemente, detrás de esas declaraciones, haya la urgencia de compensar el déficit demográfico que sufre Europa. Se prevé que Alemania, por ejemplo, pierda unos diez millones de habitantes en los próximos treinta años. Aquí hay más necesidad que generosidad. Sin embargo, pecaríamos de ingenuidad, si no nos preguntáramos por los riesgos que supone integrar cientos de miles de refugiados islámicos en las sociedades europeas. Entre otras razones porque no tenemos los medios para saber, si entre los refugiados han llegado combatientes del Estado Islámico o ‘durmientes islamistas’. Solo hace falta que a medio plazo algunos “salten por los aires” —o que aumente el desempleo— para que se desate la caza del musulmán. Estamos, sin duda, ante un dilema político —y no solo moral— de primera magnitud. Obviar los riesgos políticos es un lujo de quienes solo cuentan con su conciencia. No sería la primera vez que el desastre surgiera de las mejores intenciones. Pues es posible que estemos en guerra y que nosotros ni siquiera nos hayamos enterado.

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