el aura de lo oculto

septiembre 9, 2015 § Deja un comentario

Supongamos que, efectivamente, Dios existiera, que el mundo fuera el experimento de un ente superior. Supongamos también que hubiéramos llegado a constatarlo como quien llega a constatar la existencia de los quarks. ¿Cambiaría la naturaleza de la fe? Sin duda. Pues Dios pasaría, ipso facto, a formar parte del mundo. Dios perdería, así, su aura. ¿Que es, por tanto, lo esencial de la fe, dejando a un lado de que también se trata de un acto de confianza? No tanto su carácter hipotético, sino el hecho de que remita a lo oculto. El aura de Dios depende del hecho de encontrarse tras el muro. O, por decirlo con otras palabras, Dios aparece como Dios no porque sea un ente superior, sino porque, de hecho, no aparece, no se ve. Ocurre aquí lo que ocurre con un desván al que se nos ha prohibido entrar: automáticamente se carga con el sello de lo extraordinario. Si pudiéramos entrar, entonces el desván perdería su carga trascendente. En este sentido, el misterio de Dios, o va con Dios o no es más que un sucedáneo. Es decir, si el misterio le es esencial a Dios, entonces Dios no es algo por descubrir —algo que permanece agazapado en la dimensión oculta del mundo—, sino algo siempre pendiente. La trascendencia de Dios es eterna. Así, aun cuando llegáramos a certificar la existencia de Dios —aun cuando se demostrara que nuestra vida se debe al propósito de un diseñador extraterrestre—, ese Dios todavía no podría ser Dios.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo el aura de lo oculto en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: