hacer la vertical

agosto 27, 2015 § Deja un comentario

La palabra “amor” no significa siempre lo mismo. En los comienzos, por lo común, se emplea para decir “quiero acostarme contigo” o bien “creo que serás un buen padre para mis hijos”. Todo ello mezclado con una buena dosis de hormonas. Con el tiempo, en el mejor de los casos, la palabra ya no significa lo mismo. Así, hablamos de amor para decir cosas del tipo “no puedo imaginar mi vida sin ti” o también “te debo la vida”. Sin embargo, la posibilidad del encuentro —la posibilidad de alcanzar la indigencia del otro, la posibilidad de que esa indigencia te alcance— se da en cualquier momento. De hecho, un encuentro es “otra cosa”: lo extraño del otro como lo más íntimo. Un encuentro se da, como quien dice, fuera del mundo. En este sentido, se trata de algo transhistórico, epifánico. La verticalidad del encuentro solo puede interseccionar la horizontal del tiempo. Se engaña, pues, quien cree románticamente que se trata de algo que pueda implementarse como duración. Como también se engaña quien sostiene que, al fin y al cabo, no hay más que oficio, que el amor es una ilusión.

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