ambivalencia del desierto

agosto 22, 2015 § Deja un comentario

El desierto es, para la tradición cristiana, aunque no solo cristiana, el lugar del encuentro con Dios. Esto es, de por sí, algo que dice bastante sobre lo que pueda ser “Dios”, pues el Dios que se halla en el desierto no parece que haga muy buenas migas con aquel que se manifiesta como poder que interviene milagrosamente en la historia. Aquí podríamos decir que Israel los hizo, con todo, compatibles: el Dios que libera prodigiosamente a Israel de Egipto es el mismo que Israel adorará, no sin tropezar, en el desierto. Ahora bien, en el desierto el Dios de los prodigios brilla por su ausencia. De ahí la tentación de concretarlo, de hacerse una imagen dorada de ese Dios. Dios calla en el desierto. En el desierto, de hecho, no hay nada. Es por eso que el desierto está poblado de demonios. No parece, pues, que uno pueda exponerse al silencio de Dios sin exponerse al mismo tiempo a la seducción del espíritu que siempre niega.

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